lunes, 3 de abril de 2017

Ahora es la eternidad



En el centro de la silenciosa cubeta glaciar, la primavera se hacía patente en la inexorable fusión de   los ya menguados  hielos invernales. Los últimos bloques que resistían la tibia caricia crujían ocasionalmente, fragmentándose en  efímeros y afilados diamantes que rodaban ladera abajo, generando una estela de chispas de polvo de nieve.

Su mirada, saturada de azules, contemplaba una lasca de eternidad, el minúsculo instante de la misma  que la vida le había otorgado.  Ahora era el momento de disfrutarla, de apresar la partícula de esta materia en la que transcurría su existencia. Agotado el crédito, una porción del cual ya había consumido mientras se impregnaba del vitalismo al que se había aferrado, vendría su propio fin; después, ella no existiría en el marco temporal actual, tampoco en cualquier escala alternativa concebible, ni en aquel lugar, ni en ningún otro imaginable...


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