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jueves, 22 de enero de 2015

El Río de la Luz (Javier Reverte)






El paisaje alrededor […] era grandioso […]: verdor turmalina en los bosques de coníferas, montes de piedra de un tono obsidiana, los picos dentados de las cordilleras, como guadañas melladas que parecían rasgar el vientre de las nubes hasta convertirlas en jirones. Cúmulos y cirros, ora blancos y ora grises, el cielo acuchillado por las cumbres agrestes, la lengua de los glaciares bebiendo insaciable del mar. Y el frío que se sentía descender  desde las enormes montañas que cierran el este del golfo de Alaska.


Más adelante, las montañas crecían alrededor del barco y parecían grandes paquidermos que nos dieran la espalda. Entre ellas se formaban hendiduras  por donde caían hilos  de nieve y agua de deshielos. Detrás, nuevas montañas crecían más altas aún. El cielo se cubría  a veces  de nubes negras y otras  eran de límpido azul. Había tanto cielo sobre el canal que uno podía verlo pintado de varios colores. En algunas  montañas, las nubes descendían  hasta tapar sus cumbres. En otras refulgía la nieve bajo el sol.



En aquel escenario de vida libre y dura podía pensarse que la naturaleza nos ignora, que desdeña incluso el dolor que le causamos, que es inhumana por más que intentemos modelarla a nuestro antojo. Y que hagamos lo que hagamos, tanto herirla como protegerla, le resulta indiferente, porque acabará con nosotros tarde o temprano. Es un dios tenaz, exento de piedad y sin cerebro.




jueves, 16 de octubre de 2014

Así empieza lo malo...




Es probable [...] que mirara a su alrededor un rato para acostumbrarse al lugar frondoso que sería el último oscurecido [...].

Dentro de nada dejaré de pertenecer a los necios e incompletos vivos y seré como nieve que cae y no cuaja, como lagartija que trepa por una soleada tapia en verano y se detiene un instante ante el perezoso ojo que no va a registrarla. Seré lo que fue, y que al no ser más, ya no ha sido. Seré un susurro inaudible, una fiebre pasajera y leve, un rasguño al que no se hace caso y que se cerrará en seguida. Es decir, seré tiempo, lo que jamás se ha visto, ni puede nunca ver nadie.

[...]

Tal vez su pensamiento último, a la carrera, fue más breve y más sencillo y se pareció mucho a este: "Así empieza lo malo y lo peor queda atrás".


Javier Marías "Así empieza lo malo" (2014)



Los fragmentos anteriores constituyen las reflexiones de una mujer instantes antes de consumar su suicidio así como las hipótesis que elabora el narrador acerca de cuáles pudieran ser los últimos pensamientos que atravesaran su mente en tan crucial y definitiva situación.

Al margen del contexto de la novela a la que pertenecen, el párrafo central que se reproduce me ha cautivado de manera especial durante la lectura de la obra de Javier Marías por constituir, a mi juicio,  una bella imagen de una vida, de cualquier vida, en este caso a punto de finalizar. 

Estas líneas me han llevado a evocar el concepto de sobriedad, implícito en el texto y que contrasta con nuestra realidad cotidiana, poblada por demasiados individuos fatuos, endiosados y engreídos que, a pesar de su irrelevancia, siembran el infortunio en las vidas de tantas personas sobre las que ejercen su maligno influjo, arrogándose unos atributos de los que carecen.

El cuadro reproducido más arriba  simboliza para mí lo expresado en el texto de Javier Marías: el hombre efímero,  frente las montañas y los hielos que lo trascienden...



domingo, 5 de octubre de 2014

Colores





De pronto apareció sobre las largas nubes azules una estría roja, el horizonte se iluminó con resplandores de fuego, y por encima de las lejanas montañas el disco del sol miró a la tierra y la cubrió con la gloria y la magnificencia de los rayos de su inyectada pupila. Los montes tomaron colores: el sol brilló en la superficie terca y sin olas de la laguna.

(Pío Baroja, "Camino de perfección", 1902)


Colores

Has visto amanecer
el páramo en León,
la bruma gris
y un viejo caserón.

Has visto romper las olas
contra el dique de Gijón,
sentir la fuerza del mar 
a tu alrededor.

¿ Te has parado alguna vez a ver
los colores que estallan en Madrid,
cuando al salir del metro en una tarde otoñal
el sol se va ?

La mancha es de un color
que no puedo explicar,
mitad magia, mitad desolación.

Andalucía duerme, en sábanas de cal,
el triste sueño de la soleá.

¿Y del Mediterráneo qué?
¿A quién no le enciende su color?
Siempre habrá un sitio en tu puerto,
siempre el hijo predilecto del gran padre sol.

Son los colores que me hacen sentir bien,
[...]
son los colores que nos hacen sentir bien...


(Del disco de TOPO  "Marea negra", 1982)



Los colores de uno de nuestros inolvidables amaneceres. Son instantes que siempre buscamos con ahínco. Su evocación nos insufla aliento y fortaleza en los momentos grises y anodinos: demasiados días malgastados en cuestiones irrelevantes, en esta sociedad a la deriva.




(Agosto de 2010)


jueves, 25 de septiembre de 2014

Evocación


Si nos concentramos en la lectura de los siguientes párrafos, casi nos sentiremos como si realmente estuviéramos allí... Así, evocando los paisajes donde vivimos con plenitud, entretendremos la espera hasta que llegue el día de nuestra próxima salida.





A veces cruzaban por bosques, entre grandes árboles secos, caídos, de color blanco, cuyas retorcidas ramas parecían brazos de un atormentado o tentáculos de un pulpo. Comenzaba a caer la tarde. Rendidos, se tendieron en el suelo. A su lado corría un torrente, saltando, cayendo desde grandes alturas como cinta de plata; pasaban nubes blancas por el cielo, y se agrupaban formando montes coronados de nieve y de púrpura; a lo lejos nubes grises e inmóviles parecían islas perdidas en el mar del espacio con sus playas desiertas. Los montes que enfrente cerraban el valle tenían un color violáceo con manchas verdes de las praderas; por encima de ellos brotaban nubes con encendidos núcleos fundidos por el sol al rojo blanco. De las laderas subían hacia las cumbres, trepando, escalando los riscos, jirones de espesa niebla que cambiaban de forma, y, al encontrar una oquedad, hacían allí su nido y se amontonaban unos sobre otros.

- A mí, esos montes - murmuró Ossorio - no me dan idea de que sean verdad; me parece que están pintados, que eso es una decoración de teatro [...]

- Para mí, esos montes -dijo Schultze- son Dios.

Comenzó a anochecer.

- ¿Qué hacemos? ¿Subimos más? ¿Vamos a ver si encontramos esa laguna?

- Vamos.

Anochecido, llegaron a la laguna, y anduvieron reconociendo los alrededores por todas partes a ver si encontraban alguna cueva o socavón donde meterse. Era aquello un verdadero páramo, lleno de piedras, desabrigado; el viento, muy frío, azotaba allí con violencia [...]



Se marchó el alemán y Ossorio quedó allá envuelto en la manta, contemplando el paisaje a la vaga luz de las estrellas. Era un paisaje extraño, un paisaje cósmico, algo como un lugar de planeta inhabitado, de la Tierra en las edades geológicas del icthiosauros y plesiosauros. En la superficie de la laguna, larga y estrecha, no se movía ni una onda; en su seno, oscuro, insondable, brillaban dormidas miles de estrellas. La orilla, quebrada e irregular, no tenía a sus lados ni arbustos, ni matas; estaba desnuda.

En la cima de un monte lejano se columbraba la luz de la hoguera de algunos pastores.

Pío Baroja (Camino de perfección, 1902)

domingo, 21 de septiembre de 2014

La mirada de Pío Baroja



.


Muralla del Guadarrama,
cielo azul, resplandeciente,
aire de tarde, relente,
viento que silba y que brama,
olor de jara y retama,
de tomillo y de romero;
montes de color de acero,
ceñuda tranquilidad,
reposo, serenidad,
lento anochecer severo.

(Pío Baroja, "Canciones del suburbio", 1944)



[...] Una ingente montaña, cubierta en su falda de retamares y jarales florecidos, se levantaba ante ellos; brotaba sola, separada de otras muchas, desde el fondo de una cóncava hondonada, y al subir y ascender enhiesta, las plantas iban escaseando en su superficie, y terminaba en su parte alta aquella mole de granito como muralla lisa o peñón tajado y desnudo, coronado en la cumbre por multitud de riscos de afiladas aristas, de pedruscos rotos y de agujas delgadas como chapiteles de una catedral.




En lo hondo del valle, al pie de la montaña, veíanse por todas partes grandes piedras esparcidas y rotas, como si hubieran sido rajadas a martillazos; los titanes, constructores de aquel paredón ciclópeo, habían dejado abandonados en la tierra los bloques que no les sirvieron. 






Sólo algunos pinos escalaban, bordeando torrenteras y barrancos, la cima de la montaña.

Por encima de ella, nubes algodonosas, de una blancura deslumbrante, pasaban con rapidez. [...]


(Pío Baroja, "Camino de perfección" 1902)

jueves, 22 de mayo de 2014

El río que nos lleva




(…) el alto Tajo no es una suave corriente entre colinas, sino un río bravo que se ha labrado a la fuerza un desfiladero en la roca viva de la alta meseta. Y todavía corroe infatigable la dura peña saltando en cascada de un escalón a otro, como los que han dado nombre a aquella hoz. Sí, el esfuerzo del río continúa: lo demuestra el aspecto caótico de obra a medio hacer, con los desplomes de tierra al pie de los acantilados, las enormes peñas rodadas desde lo alto hasta en medio del cauce, la rabia de las aguas y su espumajeo constante. El río bravo sigue adelante, prefiriendo la soledad entre sus tremendos murallones, aislado de la altiplanicie cultivada y de sus gentes, para que nadie venga a dominarle con puentes o presas, con utilidades o aprovechamientos. Los pueblos le huyen, asustados por las bajadas al barranco y temerosos de las riadas. Apenas los pastores y los trajinantes se le acercan por necesidad. Sólo los gancheros se atreven a convivir con él, y aun así parece encabritarse para sacudirse los palos de sus lomos y enfurecerse más aún contra los pastores del bosque flotante.


José Luis Sampedro (“El río que nos lleva”)
















lunes, 31 de marzo de 2014

TDAH y trastorno bipolar infantil





Si seleccionamos unos cuantos títulos relativos a cualquier cuestión de moda en una librería especializada en Psicología, tras su lectura, no es infrecuente llegar la conclusión de que "visto uno, vistos todos". Esto podría hacerse extensivo a otros ámbitos del conocimiento.  La gran mayoría de los autores de estos textos son expertos en la materia, pero en sus páginas se hace muy difícil encontrar una sola idea propia, algo que no sea un mero refrito de la versión oficial de los gurús (catedrático que dirige la tesis del autor, jefe del servicio de psiquiatría del que depende, o laboratorio farmaceútico de turno). No hablemos ya de cuestionar dicha versión.

Este mal endémico se hace extensivo a los medios de comunicación que propagan lugares comunes, a los políticos, que sin saber de qué hablan, legislan sobre lo divino y lo humano asesorados por las autoridades... Y, a pesar de que pueda resultar paradójico, también invade el campo del conocimiento científico.

Las estructuras sociales son monolíticas. Quien quiera progresar profesional, y sobre todo económicamente, debe respetar el orden establecido. Hay mucho negocio e intereses en juego. 

Todo ello, resulta éticamente reprochable, pero merece calificativos mucho más rotundos cuando entramos en el terreno de la salud y el bienestar de las personas,  máxime si hablamos de niños que no pueden decidir por sí mismos.

Afortunadamente, en ocasiones, encontramos un poco de aire fresco, aunque hay que saber distinguir el grano de la paja, lo cual no resulta fácil para las personas profanas, ni para muchos profesionales que desempeñan su actividad como quien profesa una religión. Esta situación se complica debido a que todo un entramado presidido por el dogmatismo conspira para acallar las voces críticas. 

Hablamos  de aunar la solidez profesional, el juicio y la independencia de criterio, de apartar los prejuicios al analizar el objeto de estudio, algo que debiera ser irrenunciable para cualquiera de que se dedique profesionalmente a estos menesteres, y más en si es en primera línea.


Es el caso del libro que quiero reseñar: "Volviendo a la normalidad. La invención del TDAH y del trastorno bipolar infantil" (Alianza Editorial). Se trata de un texto de reciente aparición, acerca de asuntos de máxima actualidad e importancia (el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y el trastorno bipolar infantil), suscrito por tres auténticos expertos en la materia, independientes y de absoluta solvencia. Un libro interesante para padres, vital para aquellos cuyos  hijos están en riesgo de ser mal diagnosticados, muy recomendable para profesionales de la educación, e inexcusable para quienes se dedican  a la psicología o la medicina.






miércoles, 12 de marzo de 2014

El loco mirando desde la puerta del jardín. La invención de los trastornos mentales (Héctor González Pardo - Marino Pérez Alvarez)



El loco mirando desde la puerta del jardín


Hombre normal que por un momento
cruzas tu vida con la del esperpento
has de saber que no fue por matar al pelícano
sino por nada por lo que yazgo aquí entre otros sepulcros
y que a nada sino al azar y a ninguna voluntad sagrada
de demonio o de dios debo mi ruina.

 Leopoldo María Panero de Poemas del manicomio de Mondragón. (Hiperión, 1987)









Recientemente hemos conocido el fallecimiento del poeta Leopoldo María Panero. En todas las reseñas que se ocupan del mismo, se hace referencia a una circunstancia que marcó la vida del autor: el diagnóstico de esquizofrenia y su ingreso durante décadas en distintos centros psiquiátricos, a los que Panero se refería como manicomios. En las ocasiones en que fue entrevistado, manifestó reiteradamente su escepticismo ante la psiquiatría y sus diagnósticos, atribuyó su lamentable estado, en gran medida, al tratamiento masivo con psicofármacos. A modo de ejemplo:

  • "He pedido el alta mil veces. Yo no quiero estar aquí. Aquí odian el pensamiento, como en toda España. Por eso delirar y soñar es una defensa. Y por eso para 'curarte' se empeñan en quitarte las fantasías".
  • "Escribir es todo lo que se puede hacer en un manicomio. Aquí te das cuenta de que Kafka es un escritor realista". 
  • "Yo seré un monstruo, pero no estoy loco".
  • "La locura existe, no así su curación". 
  • "Los manicomios son el Estado de no-derecho. Los manicomios son lugares de privación de la vida. La psiquiatría es una estafa. La psiquiatría delira". 
  • " Los periódicos en España han tenido que elegir entre la locura y la verdad, y tanto los que han elegido una cosa como la otra han elegido bien, porque las dos se parecen mucho".
  • " ¿Qué es la verdad? El único malestar en la cultura y la única revolución posible es la de la locura, que debiera ser un cambio y no un trastorno en la percepción". 
  • “El loco yerra, pero no miente, pues tiene la manía de decir siempre la verdad”.
  • " Vivo una situación infernal en el manicomio. Eso es peor que la muerte".
  • " Creo en la literatura, pero no creo en la clase obrera, y menos en la clase obrera española. Creo en el anarcoindividualismo, no hay nadie por encima de mí".  


Inquietantes manifestaciones... Los interrogantes que plantean las palabras del poeta, han sido tratados a fondo, entre otros muchos aspectos relativos a los denominados "trastornos mentales", en el texto que recomendaré a continuación. Quiero destacar algunas conclusiones de los diferentes estudios realizados, que se analizan en el mismo, por guardar relación con las tesis  sostenidas por Leopoldo Mª Panero: en el caso de la esquizofrenia, aún sin negar su posible condición biológica, los sistemas de diagnóstico así como las formas de tratamiento pueden conformar de alguna manera su curso y pronóstico, que es significativamente mejor en los países en vías de desarrollo que en los países tecnológicamente más avanzados: su curso es más benigno y el deterioro en el funcionamiento social es menor en los primeros. Probablemente en nuestro entorno cultural se confía todo a la medicación, descuidando otras condiciones de orden vital, de las que dependería el mejor pronóstico y recuperación en el Tercer Mundo. La medicalización de un episodio psicótico podría, en algunos casos, convertirlo en una enfermedad mental, cuando podría quedar en un episodio de la vida.





Las personas interesadas en estas cuestiones pueden profundizar en las mismas mediante la lectura del libro "La invención de trastornos mentales" (Alianza Editorial) de Héctor González Pardo (Doctor en Biología, profesor titular de Psicobiología del Departamento de Psicología de la Universidad de Oviedo) y Marino Pérez Alvarez (Doctor en Psicología, catedrático de Psicología de la Personalidad, evaluación y tratamientos psicológicos de la Universidad de Oviedo). A continuación me tomo la libertad de transcribir la introducción del texto de estos autores de absoluta solvencia con el único objeto de clarificar el planteamiento del mismo y alentar la lectura de un texto de gran valor:


El tema del libro

El tema de este libro es, en primera instancia, el desenmascaramiento de las prácticas clínicas, tanto de la Psiquiatría como de la Psicología, por medio de las cuales se inventan trastornos mentales. Las prácticas clínicas, se excusaría decir, forman parte de todo un entramado que incluye la investigación científica, la industria farmacéutica, el estatus de los profesionales implicados, la política sanitaria, la cultura clínica mundana y, en fin, la sensibilidad de los pacientes. Con todo, el tema del libro es, en última instancia, el planteamiento de la naturaleza de los trastornos mentales y de su tratamiento, a partir de lo que revela el desenmascaramiento realizado. Lo que se pone de relieve por todos los lados es que los «trastornos mentales», lejos de ser las supuestas entidades naturales de base biológica que buena parte de la clínica actual (en connivencia con la mayoría de los pacientes) pretende hacer creer, serían entidades construidas de carácter histórico-social, más sujetas a los vaivenes de la vida que a los desequilibrios de la neuroquímica. El hecho de que sean entidades construidas no priva para nada a los trastornos de entidad real. Ahora bien, su carta de realidad sería de otro orden, más del orden de los problemas de la vida que de la biología y de la persona que del cerebro.

El problema del que parte

El problema de partida es la creciente cantidad de trastornos mentales, referida tanto a la aparición de nuevos tipos como a la incidencia de los ya conocidos. Así, nuevos tipos de trastornos, aunque ya parecen de toda la vida, datan en realidad de hace unos veintitantos años (a partir de la década de 1980), tales como el estrés postraumático, el ataque de pánico y la fobia social, por citar unos que tienen categoría diagnóstica reconocida. No se dejaría de recordar que desde la primera edición, de 1952, del Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM-I) de la Asociación Americana de Psiquiatría a la del año 2000 (DSM-IV-TR), las categorías diagnósticas han crecido más del 200% (pasando de poco más de 100 en 1952 a casi 400 en 2000), dándose el mayor aumento a partir de las ediciones de la década de 1980 (de donde datan las categorías citadas). Si se tiene en cuenta que a finales del siglo XIX había unas ocho categorías, el «progreso» ha sido considerable. Por su parte, la incidencia de otros trastornos ya conocidos, como la depresión, ha alcanzado proporciones epidémicas, cuando apenas tenía relevancia hace veintitantos años. Sin ir más lejos, el consumo de antidepresivos en España (siguiendo tendencias internacionales) se ha triplicado en diez años, pasando de 7.285.182 envases vendidos en 1994 a 21.238.858 en 2003, a cargo de la Seguridad Social (según datos facilitados por el Ministerio de Sanidad), sin contar las prescripciones de los psiquiatras en sus consultas privadas. Además, en 2005 los medicamentos más vendidos en cuanto a número de envases fueron los psicofármacos. Por otro lado, la misma esquizofrenia parece tener mejor pronóstico en los países del Tercer Mundo que en los más desarrollados. Así, mientras que la remisión de un proceso psicótico en los países en vías de desarrollo es del 63% en los más desarrollados es del 37%. ¿Qué está pasando? La respuesta no se puede conformar con explicaciones genéricas tales como decir que vivimos en una sociedad acelerada, de estrés, que nos vuelve locos. Para empezar, una explicación así debería resultar chocante si se considera que esa misma sociedad es la del bienestar y de la calidad de vida. Se podría añadir que ha cambiado la sensibilidad de la gente, de manera que ahora «siente» como problemas cosas que antes no lo eran o eran vividas de otra manera. De ser esto cierto, surge una petición de principio, ¿por qué es así?, ¿de dónde viene esta sensibilidad? Otra posible respuesta podría invocar el desarrollo de las disciplinas que entienden de estos problemas, la Psiquiatría y la Psicología, diciendo que habrían descubierto lo que siempre estaba allí gracias a la disponibilidad, ahora, de nuevos métodos científicos. Sin embargo, no se trata propiamente de descubrimientos científicos. Lo que ocurre es más bien una evolución conjunta entre el crecimiento de los trastornos mentales y el desarrollo de las disciplinas que los tratan. Esta posible coevolución entre trastornos y tratamientos debiera ser examinada antes de invocar los hallazgos científicos como explicación del mayor número de trastornos. Lo que revelaría el examen es que dicha coevolución se da en el contexto de un creciente gasto sanitario. Nos referimos sobre todo al gasto en psicofármacos. En este sentido, el gasto sanitario viene a ser el contexto que sostiene y mantiene la boyante coevolución entre trastornos y tratamientos. A estas alturas, ya no se podría ser tan ingenuo o tan cínico como para decir que «menos mal que la Seguridad Social puede sostener el coste de tanto trastorno». Porque lo que realmente habría que decir es que el gasto sanitario está sosteniendo y manteniendo la propia coevolución entre trastornos y tratamientos. Prueba de ello es su escalada continua. Dada esta escalada, ya no es fácil ciertamente percibir si son antes los trastornos mentales (los problemas) y después los psicofármacos (las soluciones), como sería lógico, o si son antes los psicofármacos y después los trastornos, al fin y al cabo no sería la primera vez que las soluciones generan los propios problemas que dicen solucionar. Se puede adelantar, de acuerdo con explicaciones debidamente documentadas que se encontrarán en el libro, que es esto precisamente lo que está pasando, que son antes los psicofármacos que los trastornos. Los psicofármacos son los que promueven los trastornos de la manera que son, como si fueran enfermedades mentales. Bien entendido que no se está diciendo que la existencia de psicofármacos sea la causa de que la gente tenga problemas, sino de que los problemas que tiene la gente tomen la forma de trastornos mentales de supuesta base biológica remediable precisamente con psicofármacos. El caso es que los nuevos preparados se suelen abrir paso mediante la preparación de nuevos trastornos. De todos modos, la cuestión aquí no es hacer una mera denuncia de una situación que, aun siendo de escándalo, es conocida (lo que la hace todavía más escandalosa).

La cuestión de fondo

La cuestión de fondo es la naturaleza de los trastornos mentales y su tratamiento. Si hasta aquí se ha hecho mayor referencia a la industria psicofarmacéutica se debe a que ésta es actualmente el mayor sistema de invención de trastornos mentales y de su tratamiento. Pero no se trata de la mera denuncia de una supuesta «mano negra» que manejara los hilos del malestar de la gente (que ni siquiera sería «mano negra» porque es bien conocida). No se trata tampoco de negar el sufrimiento que comportan los así llamados «trastornos mentales». En absoluto se niega que los trastornos dados no sean hechos reales, lo que se plantea es cómo son hechos reales. En este sentido, la cuestión de fondo es de carácter ontológico, acerca del estatuto de realidad del trastorno y de su razón de ser. A este respecto, se presentan dos grandes alternativas. O bien los llamados «trastornos mentales» son entidades naturales de base biológica («formaciones naturales»), o bien son entidades construidas de carácter histórico-social («construcciones prácticas»). Las componendas que mezclan ambas posturas, por ejemplo, equiparando cerebro-mente, serían vistas aquí como explicaciones confusas si es que no oscurantistas. Como quiera que sea, de acuerdo con nuestro planteamiento, los llamados «trastornos mentales», o bien serían «formaciones naturales» cuyas condiciones biológicas se irían descubriendo (y ciertamente habrá que ver lo que se sabe acerca de ellas), o bien serían «construcciones prácticas» cuya forma sería la que los clínicos necesitan dar a los problemas presentados por los pacientes para poder tratarlos de la manera que lo hacen. En este sentido, los «trastornos mentales» serían en realidad las construcciones prácticas que necesita la psiquiatría de orientación biológica para tratarlos como si fueran enfermedades (cuando es el caso que no está nada claro que lo sean). La cuestión es, en el fondo, que los problemas que presenta la gente pueden tomar relativamente distintas formas no ya sólo según el momento histórico-social (por ejemplo, histeria en tiempos de Freud, depresión en tiempos del Prozac), sino también según la orientación de los clínicos que los tratan (por ejemplo, como un problema neuroquímico, psicodinámico, cognitivo, existencial, de conducta o familiar). El caso no es, por tanto, que tomen una u otra forma (que alguna habrán de tomar para su «tratamiento»), sino la forma que tomen. El asunto no es que sean «construcciones prácticas», sino prácticas para quién (¿para la industria farmacéutica?, ¿para el sistema de salud?, ¿para el estatus del profesional?, ¿para el paciente?, ¿para la familia?) y qué sea lo práctico (¿pasar por enfermo?, ¿arreglar una situación?, ¿escamotear la propia responsabilidad en el problema?, ¿asumir la responsabilidad?). Aquí entran de lleno las terapias psicológicas. La idea es que las terapias psicológicas podrían hacerse cargo más cabalmente de los trastornos mentales, dada la homogeneidad entre el tipo de problema y el tipo de solución. Pero ahora el problema que surge es que las terapias psicológicas son varias y variadas entre sí. Cuando menos, habría cinco grandes sistemas de terapia psicológica y cómo tales sistemas contienen todo lo necesario para tratar los distintos trastornos. Quiere decir que un mismo problema podría tener una consideración relativamente distinta según el sistema dentro del que fuera tratado. Esta pluralidad de sistemas podría verse en un principio, y así suele verse, como una «confusión de lenguas», indicativa de inmadurez científica, supuesto que un único sistema fuera lo propio. Sin embargo, no es así, a pesar de los más de cien años de psicología científica. ¿Por qué no es así? Tal vez no hay un sistema unificado de terapia psicológica, debido precisamente a la naturaleza constructivo-práctica de los trastornos psicológicos. Si fueran entidades naturales, como lo son las enfermedades médicas, sería de esperar un sistema estándar (en Medicina no tiene sentido preguntar de qué orientación es, por ejemplo, un neumólogo, sin perjuicio de los distintos criterios clínicos, pero en Psiquiatría y Psicología sí). Siendo los problemas psicológicos susceptibles de una variada reconstrucción (en todo caso, sistemática y, por supuesto, no caprichosa), cabe entender que esa pluralidad de sistemas venga a mostrar el carácter abierto, constructivo-práctico, de los problemas de la vida de los que derivarían, en realidad, los trastornos mentales (psiquiátricos o psicológicos, que ésta ya no es la cuestión). Las diferencias resultantes de enfocar un problema de acuerdo con un sistema u otro no estarían tanto en el orden del acierto y del error (como así sería en el diagnóstico y tratamiento de una enfermedad) como en el orden práctico, siendo aquí decisivo, de nuevo, preguntar práctico para quién y en qué sentido. No se dejaría de anticipar que los propios psicofármacos no respetan los diagnósticos para los que se supone que son específicos. Así, por ejemplo, un psicofármaco aprobado y etiquetado como antidepresivo resulta que es igual de eficaz —o más— para otros trastornos.

La cuestión que emerge: modelo médico de psicoterapia frente a modelo contextual de psicoterapia

Una forma de abrirse paso ante esta pluralidad de terapias psicológicas sería preguntar si funcionan. Porque si no funcionan o unas funcionan mejor que otras, el criterio empírico podría decidir. Pues bien, puede parecer sorprendente pero se puede decir en general que todas funcionan. Todas son eficaces y lo son en una medida similar. Sus diferencias son más de matiz que de sí o no, de decimales que de enteros. Ciertamente, hay algunas terapias psicológicas que tienen mayor reputación de eficacia que otras. Pero esta reputación, sin dejar de ser meritoria y por lo demás bien merecida, tiene una «explicación» que hace al caso de la valoración de las terapias que no gozan de tal reputación. Y es que las terapias psicológicas más conocidas y reconocidas por su eficacia han adoptado el modelo médico, en detrimento de un modelo contextual, quizá más propio de la psicología clínica. El modelo médico de terapia psicológica concibe el trastorno mental como un cuadro de síntomas que responden a un supuesto mecanismo psicológico interno disfuncional (equivalente a la condición biológica que supone el modelo médico de enfermedad). Así, la terapia psicológica consistiría en la aplicación de técnicas específicas, que vendrían a ser equivalentes a la medicación (aun cuando tal especificidad no existe ni en psicofarmacología ni en psicoterapia). Por su parte, el modelo contextual de terapia psicológica entiende el problema presentado (que no sería necesario identificar como un «trastorno mental» cual cuadro de síntomas) en el contexto biográfico de la persona y sus circunstancias. Así, la terapia psicológica consistiría más que nada en la prestación de una ayuda dada en el contexto de una relación interpersonal, se excusaría decir que profesionalmente concebida. El gran mérito de las terapias psicológicas que siguen el modelo mé- dico es que han mostrado ser tan eficaces —o incluso más— que el tratamiento psicofarmacológico. En este sentido, se puede decir que la terapia psicológica tiene probada su eficacia frente a la medicación, que venía a ser una referencia obligada con la que medirse. Las terapias psicológicas reputadas por su eficacia han competido y mostrado su competencia en el terreno de la psiquiatría, jugando con sus criterios de eficacia que no son otros que los de la medicación (mayormente reducción de síntomas). Ahora bien, esta equiparación ha sido a costa en buena medida de convertir los trastornos psicológicos en unos cuantos síntomas definidos más en función de la medicación («escuchando al Prozac») que de lo que realmente le pasa a la gente («escuchando al paciente»). Siendo así, esta equiparación de la terapia psicológica con la medicación ¿es la última palabra?, ¿lo siguiente es continuar compitiendo con la medicación para seguir en carrera? El planteamiento que se sigue en este libro no se conforma con la equiparación de la terapia psicológica con la psicofarmacológica ni toma como modelo el modelo médico. Antes bien, pone en entredicho la propia «bondad» del modelo médico aun dentro de la Psiquiatría. Porque tampoco toda la Psiquiatría está amoldada al modelo médico. De hecho, una importante tradición de la psiquiatría es crítica de la Psiquiatría biomédica y se ofrece ella misma como alternativa (se podría decir psicosocial, cultural, contextual). Puesto que dentro de las terapias psicológicas, hay unas que adoptan el modelo médico, como se acaba de decir, y otras no, la cuestión que se plantea aquí no es Psiquiatría frente a Psicología, sino el modelo de base. Concretamente, la cuestión sería el debate entre el modelo médico (dado tanto en Psiquiatría como en Psicología) y el modelo contextual (que puede encontrarse igualmente en ambas disciplinas.

Las tesis que se sostienen

No importa que en esta Introducción ya se haya medio desvelado el argumento del libro. Se trataba de anticipar su contenido y de invitar a su lectura. Comoquiera que el libro sostiene tesis (más que hipótesis) que no son obvias sino más bien polémicas, será necesario recorrer su argumento. Concretamente, las dos tesis que se sostienen son éstas: por un lado, que los tratamientos tanto psicofarmacológicos como psicológicos se las arreglan para promover trastornos a su medida y, por otro, que la pluralidad de tratamientos existentes revela más bien el carácter abierto de los trastornos psiquiátricos o psicológicos que la supuesta miseria de la Psiquiatría y la Psicología (sin perjuicio de sus debilidades). En todo caso, la vida y tanto más en la sociedad actual parece «causar» trastornos sin parar. De ahí que sea importante preguntar qué está pasando y si fuera necesario, como parece serlo, plantear la cuestión de fondo, que no es otra que la naturaleza misma de los trastornos mentales y de sus tratamientos. En resumidas cuentas, la cuestión va a ser si se ha de escuchar al fármaco, reduciendo el trastorno a los síntomas sensibles a la medicación, o si se ha de escuchar al paciente, situando el trastorno en el contexto de su vida y circunstancias.

El desarrollo del argumento

El argumento del libro se desarrolla en tres partes. En la primera, se lleva a cabo el desenmascaramiento de la Psiquiatría y de la Psicología clínica, desvelando su método de construcción. Se empieza por introducir el «efecto Charcot», según el cual el clínico describe lo que él mismo propaga, mostrando que este efecto sigue vigente en la psiquiatría actual. En esta línea, se señala al marketing farmacéutico como una nueva «institución para la propagación de la fe»; en este caso, en las explicaciones y soluciones biológicas a los trastornos mentales. Más allá de la propaganda, se estudia la cultura clínica que caracteriza a la sociedad actual. Finalmente, se presentan ejemplos concretos de invención de trastornos mentales, donde figuran algunos de los más prevalecientes en la clínica actual. En la segunda parte, se hace un estudio a fondo del estado actual de la psicofarmacología. Se empieza por la historia del descubrimiento de los psicofármacos, donde se muestra que a menudo ha sido cosa más de la casualidad que del conocimiento de causa. A continuación, se expone su funcionamiento, de acuerdo con los tres grandes grupos de psicofármacos de mayor uso: ansiolíticos, antidepresivos y antipsicóticos. Dado que es muy importante para comprender el verdadero alcance de los psicofármacos, se exponen asimismo los métodos que se utilizan en su investigación; en concreto, los ensayos pre-clínicos, los ensayos clínicos y los modelos animales de «enfermedades mentales». Puesto que los psicofármacos suponen que los trastornos mentales tienen bases biológicas, se expone lo que se sabe actualmente acerca de dichas bases biológicas. Dentro de ello, se destaca en particular lo que se mide realmente mediante las técnicas de neuroimagen. En la tercera parte, se hace también un estudio a fondo en este caso de los tratamientos psicológicos. Se empieza por reconocer la existencia de distintas formas de tratamiento. Se entiende que todas tienen su razón de ser: unas se proponen la comprensión de sí mismo; otras, el entendimiento filosófico de los problemas; otras, la potenciación de las propias capacidades autosanadoras; otras más, el aprendizaje de nuevas formas de comportamiento, y, en fin, otras más todavía, la revisión de las relaciones familiares. De cada una de ellas se presenta su fundamento, concepción psicopatológica, objetivos, procedimiento y estatus empírico. Finalmente, se establecen las conclusiones generales del libro, las cuales alcanzan tanto a la naturaleza de los trastornos mentales como al modelo conforme al que debieran ser tratados.





martes, 28 de enero de 2014

Juicio y prejuicio





En ocasiones escuchamos o leemos comentarios de personas que manifiestan profundos sentimientos de insatisfacción vital. Una característica de personalidad que subyace en muchos de estos casos es el interés desmedido por agradar a toda costa a los demás, lo que llevado a sus últimas consecuencias produce una auténtica alienación y un enorme malestar del que a los afectados les resulta imposible librarse, lo cual limita y empobrece sus vidas.

Algunos acuden a la Psicología en demanda de ayuda, pero desgraciadamente, gran parte de la psicología  "oficial" ofrece como solución a través de sus intervenciones una suerte de conformismo plagado de prejuicios de toda índole que administrado por el terapeuta,  y recibido de manera pasiva por el paciente perpetúa la  situación… O en el mejor de los casos, una invitación a “ser uno mismo” contradictoria en su esencia con el carácter abierto  del planteamiento que vamos a esbozar.



Vamos a apuntar de modo muy esquemático una sugestiva vía de reflexión,  que tiene sus antecedentes filosóficos en la fenomenología y que nos ofrece una alternativa   que puede resultar liberadora.






Partimos de nuestra conciencia que, apoyada en la experiencia, ostenta el protagonismo en la constitución de la realidad, en oposición a la concepción de un mundo acabado que nos viene dado. Nuestro juicio personal y auténtico frente al prejuicio, falso, puesto que supone delegar en otros la capacidad constituyente que toda persona tiene. Desde esta concepción, podríamos definir el estar psicológicamente "sano" como  estar en el uso de la palabra, siempre a la búsqueda de la libertad personal que nadie puede conquistar por nosotros.


La raíz del infortunio humano, para ser más precisos, de los aspectos del mismo que la psicología puede tratar de solventar, está en la incompatibilidad de mis deseos y aspiraciones con los de los demás. Se trataría de una elección entre la experiencia de los otros, lo dicho, el prejuicio (juicio anterior a mi experiencia) y mi propia experiencia que fundamenta mis propios juicios.

La mayoría de los individuos, inmersos desde la infancia en los prejuicios, alcanzan tal grado de alienación que no son conscientes de sus propias experiencias,  tratando de acomodar su modo de vivir a la verificación  de aquellos, por lo que su mundo permanece así cerrado e inmóvil, por muchos años que vivan…




Se nos presenta de este modo un conflicto entre libertad o alienación, entre proyecto de vida  juicioso y personal  basado en la propia experiencia, en el sentido del propio deseo, o proyecto razonable fundamentado en el prejuicio.



Aventura total, la de la persona juiciosa que se propone realizar su proyecto de vida buscando la salida del conflicto, a la conquista progresiva  de grados  de libertad. Ello conlleva, y aquí está el primer escollo insalvable para muchos,  el rechazo por parte de todos los que no respetan, bien por ignorancia o por intereses de todo tipo, que el aventurero esté en el uso de la palabra.


Aventura de largo recorrido, en la que cada acto juicioso supone una liberación personal que nos aparta de los prejuicios que a todos nos constituyen y una modificación del "mundo objetivo" interpersonal que comienza a ser menos hostil.  Con las cartas boca arriba, manifestándonos tal cual somos, sin engaños, habremos de ser aceptados de este modo. En consecuencia, muchas relaciones quedarán atrás, otras con nuevos interlocutores que nos permitan ser nosotros, las reemplazarán. El camino de la felicidad coincidiría con el de la búsqueda de la libertad,  en una tarea siempre inconclusa para la que debemos permanecer  alerta, pues para la conciencia fenomenológica no hay nada definitivo, salvo ser consecuente con la experiencia propia.




La transformación de un mundo hostil en un mundo de compañeros, la finalidad de la ética o terapia fenomenológica: toda la libertad y la felicidad posibles.



Alienación (diccionario r.a.e.)


2. f. Proceso mediante el cual el individuo o una colectividad transforman su conciencia hasta hacerla contradictoria con lo que debía esperarse de su condición.

5. f. Psicol. Estado mental caracterizado por una pérdida del sentimiento de la propia identidad.

Bibliografía: para profundizar en estas cuestiones,  que en esta breve  introducción están trazadas con un grueso “blogchazo”, se recomienda cualquier libro de Carmelo Monedero, que fue Catedrático de Psicopatología de la Universidad Autónoma de Madrid, especialmente “Antropología y Psicología” (Pirámide, 1995).


martes, 26 de noviembre de 2013

El francotirador paciente de Arturo Pérez Reverte. Descargar primeras páginas.

Para los impacientes, en este enlace os dejo las primeras páginas de la última novela de Arturo Pérez-Reverte: "El francotirador paciente". Uno de mis autores imprescindibles.

http://www.perezreverte.com/el-francotirador-paciente-descargar-primeros-capitulos-gratis/





Un encargo editorial pone a Alejandra Varela, especialista en arte urbano, tras la pista de Sniper, un reconocido artista del grafiti, promotor de acciones callejeras al límite de la legalidad —algunas de ellas con resultados fatales— del que casi nadie ha visto jamás el rostro ni conoce el paradero. La búsqueda conducirá a la protagonista de Madrid a Lisboa, y de ahí a Verona y Nápoles en su intento por descifrar cuál es el objetivo al que apunta la mira mortal del cazador solitario.


domingo, 24 de noviembre de 2013

Nacidos para correr Christopher McDougall: correr para vivir.



Acabo de terminar de leer "Nacidos para correr" de Christopher McDougall. Hace unos días, mientras iba camino del trabajo en el tren, una chica que iba en pie delante de mí lo estaba leyendo.  Me fije en ella, de figura esbelta,  tenía cierto tipo de corredora, pude imaginármela recorriendo cualquier bosque otoñal con trote acompasado.  Vi la portada, me llamo la atención, y lo apunté en la lista de pendientes... Sin ella saberlo, esta compañera anónima de viaje me ha sugerido ya varias lecturas, cuando me la encuentro, siempre echo una mirada con curiosidad al título del libro que casi siempre sostiene en sus manos.

El texto que nos ocupa, no me parece un prodigio literario, pero trata cuestiones que me interesan, relacionadas con correr y la filosofía que rodea esta actividad. Aborda aspectos biomecánicos, antropológicos, técnicos, es crítico con el negocio que florece en torno a este  mundillo,  todo ello adornado con una cierta atmósfera hippie,  y paradójicamente creo que tiene un potente efecto evocador de ambientes trail y naturales y bastante carga positiva motivacional, puede abrir puertas a muchos y sugerir caminos alternativos. Además me identifico con el punto de vista de alguno de los protagonistas.

Puede interesar a un amplio público: a los corredores ocasionales, a los que quieren empezar a correr, a los  "ultra trails", a los que se han apuntado a correr descalzos, a los que se replantean su modo de correr o para qué corren, a los que quieren correr para vivir en lugar de vivir para correr... 

Podría interesarte si atraviesas una etapa con pocas ganas de salir... En definitiva, pienso que es uno de estos textos que a pesar de que no tienen una gran calidad, por el modo en que están escritos, sí aportan sugerencias de calidad. Merece dedicarle un rato.