Mostrando entradas con la etiqueta Relatos breves. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Relatos breves. Mostrar todas las entradas

domingo, 26 de marzo de 2017

Criterios de decisión


Hay que estar preparados para lo peor
y disfrutar de lo bueno.
Esa es la fórmula.

[...]

Y vivir como si el tiempo nos debiese algo,
como si fuese nuestro,
exigiéndole al contado lo que nos pertenece.

 "La fórmula", Karmelo C. Iribarren  de "Serie B" (1998)








Analizó la situación metódicamente, 
sopesando las diferentes alternativas
hasta alcanzar la conclusión más razonable.

Mientras contemplaba el cielo oscuro a través de los ventanales, experimentó un vacío disonante teñido de indiferencia y de ausencia de significado.

Volvió la mirada hacia su interior para abrazar, quizá por última vez, aquella imagen cada vez más tenue y difuminada.


Al contacto con ella, una emoción prístina, indubitable, iluminó su conciencia señalándole el camino...



lunes, 5 de diciembre de 2016

Proximidad






A Mar, agradeciéndole la colaboración con su magnífico dibujo.



El camarero manipuló el grifo de la cerveza y la espuma comenzó a crecer sobre el líquido dorado, produciendo a causa de la presión un burbujeo errático que cautivó su atención durante un breve lapso.

Giró el taburete en el que estaba sentada y, apoyando los codos en la barra, contempló a los numerosos clientes del establecimiento; sobre el murmullo de sus conversaciones susurradas, el sonido nítido que fluía a través de un excelente equipo, impregnando el local de una atmósfera intimista acompasada con la cadencia melancólica de la música.

Paseó su mirada  por las mesas, dedicando una buena porción de tiempo a cada una.  Concentrados en sus respectivas charlas, nadie le prestaba atención, lo que le permitía demorarse en la observación más de lo que hubiera resultado prudente en otras circunstancias.

Confidencias a media voz, la ilusión de estar en sintonía reflejada en los gestos, unos ojos que proporcionan un precario cobijo donde guarecerse y reponer fuerzas.

Tan idílico panorama no pudo superar el escrutinio de su lucidez, casi podía ver flotar en la sala las partículas fosforescentes de egocentrismo, prejuicio, cinismo, desconfianza, fingimiento... 

Quizá era el efecto de asomarse a otras vidas  con una curiosidad aséptica, cuasi científica, que nunca flirtea con el chismorreo.

Y también está el recuerdo remoto de su pulso, desbocado en otro tiempo, y el tacto áspero del interior  de su piel tapizado de cicatrices...

viernes, 11 de noviembre de 2016

Afortunada


Actúa de la manera en la que te gustaría ser y pronto serás de la manera en la que actúas.

Aunque estoy convencido de que nada cambia, para mí es importante actuar como si no lo supiera.

(Leonard Cohen)







Se detuvo unos instantes en el collado, cerró los ojos y se concentró en paladear el viento del norte que,  gélido y directo como el golpe de una daga, azotaba la escasa vegetación. Se preguntó a cuántos amaneceres como aquél podría asistir. Con suerte, a un puñado de inviernos más, que en  el mejor de los casos representaban una cifra modesta. El de hoy, ya es mío, el próximo es una mera hipótesis de trabajo, pensó.

A través de los párpados apretados notó el fogonazo aloque del orto. Un escalofrío le hizo tomar conciencia de que estaba aterida. Dio media vuelta y complacida por su buena fortuna inició el descenso hacia el valle que, hospitalario, se ofrecía a envolverla en la calidez de la vida...



¿Cómo evitar el simulacro,
cómo vivir sin desvivirnos?
Surcan los días por tu vientre.
Somos el tiempo que nos queda.

José Manuel Caballero Bonald

domingo, 23 de octubre de 2016

Lavado


Pobre Sasha.  Pobres chicas. El mundo las engorda con la promesa de amor. Cuánto lo necesitan y qué poco recibirán jamás la mayoría de ellas [...] Y luego les arrebatan sus sueños con una fuerza violentísima.

Emma Cline "Las Chicas"







Salió al exterior y alzó la vista hacia el cielo que, turbio e impasible, arrojaba por los portillos un aguacero inclemente. Se ciñó la capucha, ajustó los cierres del anorak y comenzó a caminar con paso vivo.

Tiempo después se detuvo con la mirada fija en los guijarros del sendero, brillantes, lavados por el agua. Alrededor de sus pies discurría alegre y juvenil un arroyo recién formado por la precipitación. Respiró hondo, se sintió ligera y llena de energía, con la impresión hiperrealista de que toda la roña acumulada durante la pasada semana abandonaba su cuerpo y se deslizaba ladera abajo arrastrada por la corriente.

viernes, 16 de septiembre de 2016

Bálsamos




Al final de la carretera vislumbró, diluidas en un espejismo provocado por el calor, unas construcciones precarias que  parecían constituir un pequeño núcleo habitado. Apretó el paso anhelando poder descansar cuanto antes.



Acallado el resuello producido a consecuencia del repecho final, resguardada bajo la única sombra existente junto al  bar de la plazoleta, contempla a un individuo que camina, seguido muy de cerca por un mugriento perro.  

Le resulta difícil estimar su edad,  por lanzar una conjetura apuesta que bordea los sesenta. Porta una mochila de lona, y por atavío  una camiseta de color indefinido rotulada con un eslogan borroso y un pantalón tejano; cubren sus pies unas botas de marcha cuarteadas y resecas. Recoge su pelo ralo en una coleta; Las zonas de su rostro que no oculta una barba silvestre, ofrecen un bronceado de tono cobrizo.

Cruza una breve mirada con el desconocido y la joven experimenta una sensación extraña e inefable, una suerte de revelación.

La escena, que se le antoja onírica y brumosa, abre en su imaginación un pasadizo que la sumerge en evocaciones y reflexiones habitualmente entorpecidas por el tráfago.


Acuden a su conciencia frases del diálogo perteneciente a una novela leída recientemente (1):

- Y eso que íbamos a cambiar el mundo.


- El mundo es como el clima [...]. No se puede cambiar. Ni moldear. Pero te moldea a ti.


Cuando abandona sus cavilaciones, ve al misterioso caminante alejarse.


¡El trago amargo de la lucidez!

Mientras busca un pasaje subrayado en un gastado libro reflexiona sobre la conveniencia de tener a mano bálsamos para calmar  el dolor de la certidumbre,  para aliviar el vacío...







(1)  "La isla de los cazadores de pájaros" (Peter May).


viernes, 10 de junio de 2016

Mariano. Cabaña Verónica








Con los ojos velados por la emoción, que se le desborda cuando reconoce su caligrafía, observa bajo el sol pleno de verano la placa adosada a la base del refugio.


 1983-2007

 Estoy porteando. Voy con el talkie a la escucha. El guarda C. V. Mariano.













Frente a la puerta cerrada, inicia un breve monólogo:

     - Te debía una, susurra.

    - Que no. Que no estoy llorando. Es el puto orujo. En su mano agita  una pequeña petaca de la que ha bebido un generoso trago en honor a su amigo, o tal vez para enfrentar el vacío y el silencio.

     - Quería venir antes, pero ya sabes…

     - Me enteré por las noticias. ¡Qué ironía! ¡Con lo que te gustaba a ti la notoriedad!
  
-    ¿Sabes? Al final te hice caso y acabé los estudios.

-   Sí. Ya sé que he engordado. ¡Gracioso! Pero hoy no tienes que cargar conmigo, así que no te quejes. Una tenue sonrisa se perfila en sus labios.





Sentada en el banco exterior  observa el pico mientras una ráfaga de aire fresco deshace un penacho de nubes que asciende lentamente, detrás de Horcados Rojos.

Se sirve dos dedos de licor y las imágenes de aquella mañana afloran como el agua de una surgencia:

Era el verano del año 2000. Tiene la certeza de la fecha: sus primeras vacaciones después de cumplir la mayoría de edad. El año anterior ya había propuesto su plan en casa, pero sus padres se opusieron de modo tajante.

- Tú sola, allí arriba. Ni hablar…

A punto de cumplir los diecinueve, con los ahorros obtenidos de su precario trabajo,  avalada por una amiga que perjuró que la acompañaría, pudo llevar a término su pequeña aventura.

Durante todo el día disfrutó del paisaje prístino, demorando el regreso hasta que la tarde comenzó a extinguirse. Cuando inició la marcha, tras un largo rato de inactividad, sintió un agudo dolor en el tobillo que al poco se acentuó haciéndola cojear de manera ostensible. Al parecer la torcedura sufrida horas antes, a la que no había prestado apenas atención, se había complicado.

En el desvío a Cabaña Verónica, un hombre apoyado en unas rocas al borde del camino la observa impasible mientras se aproxima: tiene un aspecto sereno, su rostro y sus brazos intensamente bronceados, la piel curtida por la intemperie. Por encima del cuello de su camiseta de un color desleído  aflora, como una vegetación indómita, una abundante y salvaje pelambrera blanca. Ocultan sus ojos unas gafas anti-ventisca de cristales redondos en cuya superficie espejada se refleja el paisaje lunar que los rodea. 

- Mal te veo para llegar al Cable antes de que cierren.

- He dado un traspié esta mañana y ahora  me cuesta caminar.

- A ver. Te echo un vistazo.

Sus manos ásperas y nudosas examinan con una suavidad paradójica el tobillo que  ella le ofrece con un rictus de aprensión.

- No parece serio, pero será mejor que guardes reposo. Puedes pasar la noche en el refugio y mañana veremos…

-  Sube, que te acerco, le indica aproximándose a ella para que monte a caballito sobre su espalda.

- ¡Venga! No tengas vergüenza. Por cierto, soy Mariano, el guarda de Cabaña Verónica, se presenta mientras la chica, con el rostro bermellón se acomoda.

-   Gracias. Yo soy Celia. ¿Podrás conmigo?

-   Chiquilla, si no pesas nada. Estoy acostumbrado a portear...

Cesa su evocación. La niebla ha cubierto el valle formando un precioso mar de nubes. Se gira y ofrece un brindis en dirección al Tesorero.  Fabula que, fundido para siempre con la caliza que lo abraza, su amigo  le sonríe desde la cumbre, siempre con el "talki" a la escucha...
    









El refugio Cabaña Verónica fue inaugurado el 13 de agosto del año 1961. Promovido por el ingeniero Conrado Sentíes se construyó utilizando la cúpula metálica procedente de la batería antiaérea del portaaviones estadounidense USS Palau, que se encontraba en un puerto vasco para ser desguazado. Se tardaron siete días en montar la piezas que se subieron a lomos de un caballo. Ubicado en un promontorio rocoso entre Horcados Rojos y el pico Tesorero, en el macizo central de Picos de Europa, fue guardado durante 25 años ininterrumpidamente por Mariano Sánchez, hombre muy apreciado por los montañeros habituales de la zona, y por los miembros de los servicios de rescate, alertados frecuentemente  desde su emisora de radio, vital antes de la llegada de la telefonía móvil. Muchos visitantes ocasionales,  lo recordarán en verano ofreciendo bebidas frías en un cruce del camino al collado de Horcados. Mariano falleció en 2008. El 5 de julio de dicho año sus cenizas fueron depositadas en la cumbre del pico Tesorero. En la base del refugio se instaló una placa que reproduce el mensaje manuscrito que solía dejar cuando bajaba al Cable a portear suministros.  Un hombre que nunca buscó la notoriedad, siempre dispuesto a prestar ayuda y que forma parte del imaginario y de la leyenda de los Picos, recordado con cariño y gratitud por muchos. Sus comunicaciones por radio se iniciaban con la siguientes palabras: "Aquí base polar, bastión inexpugnable, nido de águilas humanas y perla acero de la mar cantábrica".




jueves, 14 de abril de 2016

Palabras


AH, SÍ

Hay cosas peores
que estar solo
pero a menudo hace falta décadas
para entenderlo
y en la mayoría de los casos
cuando lo entiendes
ya es demasiado tarde
y no hay nada peor
que
demasiado tarde.

Charles Bukowski




A través de la cristalera contemplaba el repicar de las gotas en la superficie del lago, agitada tras el reciente aguacero. Las nubes comenzaban a retirarse y su silueta veloz se proyectaba deformada sobre la ondulada lámina  metálica de agua.


Posó la mirada en un folio doblado por su mitad en el que había anotado, con letra desigual, un puñado de frases compuestas al ritmo del cimbreo de las ramas de los sauces.
  

Disfrutaba jugando con las palabras, paladeando su sonoridad, aquilatando sus significados.  En su concepción narrativa resultaba esencial un texto dotado de fuerte capacidad evocadora, que insuflara estados de ánimo, contagiara impresiones, transmitiera ideas con precisión. El arte de crear mundos, en definitiva. Ahí radicaba la auténtica magia de la escritura. Un poder trascendente e intangible que la sobrecogía cuando se manifestaba en las obras de sus autores preferidos.

Abrió el libro y retomó la lectura interrumpida. Gruesos goterones, notas musicales tocadas al piano en clave de fa, se derramaban desde un cielo opaco produciendo un leve efluvio de vaho al chocar contra el suelo recalentado de mediodía...



sábado, 12 de marzo de 2016

Un lejano resplandor


Tenía un oficio extraño y raro. Pintaba líneas blancas en el suelo. Todo el día pintando líneas. Líneas que separaban. Líneas que unían. Líneas continuas, discontinuas e intersecciones. Su vida era una línea. Soñaba con una línea. Cualquier línea recta que veía le hacía sacar de forma inconsciente el metro del bolsillo y la medía. Al comer, guardaba la línea. Al escribir, no se salía de la línea. Al señalar una dirección, siempre en línea recta. Un día por error, la línea se torció, trato de arreglarla y terminó en un círculo. Había descubierto por casualidad un nuevo objetivo.


Riotogablio (“El oficio”)




La cinta blanca, velada por las hebras de niebla, serpeaba retorciéndose en sucesivos zigzags, enroscándose hacia las cimas que cerraban  el valle. Tras varias horas al volante, rodando sobre la pista  cubierta por una fina capa de nieve, se había sumido en un estado hipnótico permeable únicamente a las notas procedentes del equipo de sonido, que mantenía con el volumen al mínimo para favorecer la concentración precisa: From Darkness de Avisshai Cohen Trio. 

Anochecía cuando coronó el puerto. Allí no había rastro de bruma. El cielo aparecía diáfano. Era un emplazamiento perfecto y recóndito a cuya localización había consagrado muchas jornadas.  

Apartó el coche de la carretera y lo orientó convenientemente. Localizar su objetivo hacia el oeste fue sencillo. Montó el equipo, conectó el portátil y tras consultar los indicadores, efectuó los ajustes oportunos y activó el temporizador a tres minutos, finalizados los cuales, mientras el programa procedía al apilado y procesado de los datos, contempló con fruición el lejano resplandor, jugueteando con una miríada de ideas subyugantes.

Unos pitidos intermitentes la reclamaron. Al observar el monitor, lo que a simple vista era un insignificante punto brillante había adoptado una forma esférica definida. Esbozó una sonrisa al constatar que por mero azar en la imagen aparecía nítidamente el tránsito de una de las lunas del planeta - Europa, según comprobó en las tablas de predicción publicadas en la web de astronomía que consultaba habitualmente - y su sombra proyectada sobre la superficie gaseosa.

En virtud de una circunstancia denominada técnicamente oposición, protagonizada por el Sol, la Tierra y Júpiter, las condiciones para observar al gigante del sistema solar,  rey supremo del panteón romano,  eran especialmente favorables esos días, por encontrarse unos cuantos millones de kilómetros más cerca.

Antes de desconectar el ordenador ejecutó una animación que había guardado por curiosidad: en ella se realizaban sucesivas comparaciones, primero entre los planetas del sistema solar, en el caso de la Tierra y Júpiter la diferencia de tamaño resultaba apabullante. Posteriormente se constataba la insignificancia del Sistema Solar en el conjunto de la Vía Láctea que a su vez aparecía diminuta al lado de otras galaxias fotografiadas por el telescopio Hubble. Un punto entre miles parpadeaba en otra imagen cuando detuvo la presentación: la galaxia UDF-423 a 10.000 millones de años luz. 

Su ánimo no estaba especialmente proclive a la reflexión en aquellos momentos, pero al tratar de imaginar la distancia que la separaba de aquella vibración del universo, una extraña serenidad se adueñó de su conciencia, un latido de lucidez que la proyectó a su vez a un puñado de años luz de la brega cotidiana en la que, por cuestiones que consideraba irrelevantes, se consumían tantas vidas a su alrededor. Sí, una vez más la terapia astronómica ponía las cosas en su lugar...









viernes, 12 de febrero de 2016

Precognición


Vas seguint el riu del temps,
vas buscant uns ulls valents,
un estímul real,
una llum lluny del teu cap,
algú que et dongi la mà.

(Sopa de Cabra "Exilis")







Bajo una luz tamizada por las hojas de los árboles, contemplaba de soslayo el rostro de aquella mujer, su cuerpo, sus manos… Mantenía  el oído atento, concentrada en las escasas frases que dirigía a su interlocutor a través del teléfono portátil,  tratando de evitar que su curiosidad resultara demasiado evidente. Era el suyo un interés que se ceñía a lo profesional. Aplicaba un método informal, fundamentado en la observación de ciertos indicios significativos  que le permitieran iluminar las zonas de sombra donde residían las claves de las que se alimentaban sus perfiles,  sus pronósticos. Lo que comenzó como una habilidad curiosa que se nutría de su carácter,  se había transformado en un modo de ganarse la vida, tal vez poco ortodoxo, en una técnica intangible y paradójica dotada de un elevado grado de fiabilidad y validez.

Tenía delante a una persona cuya expresión, a pesar de que le constaba su relativa juventud, había sito roturada por la vicisitud, que la había precipitado a un envejecimiento incipiente. Sus rasgos  denotaban un agostamiento vital, presidido por una hiperreflexividad mórbida que parecía suministrar combustible a una turbina, que tras centrifugar los problemas normales inherentes a toda vida, los retornaba transformados en problemas psicológicos, convirtiendo  cualquier contratiempo en algo angustioso e irresoluble. 

Ciertamente, no se la imaginaba…


Fue presentada en su primer año de universidad. Su mentor, un profesor auxiliar del cual ni siquiera era alumna, le explicó de modo sucinto lo que se esperaba de ella, y tras obtener su adhesión, que manifestó con una seguridad sin fisuras, como si toda su existencia anterior no hubiera sido más que una preparación para aquel momento, le reveló la norma esencial que debería presidir su labor en lo sucesivo: 

- No profundices, no analices, déjate llevar por tu intuición. Quiero tus primeras impresiones en bruto, sin elaboración. De doctos expertos que nos abruman con sus razonamientos circulares,  ya andamos sobrados.

Sin embargo, en contra de lo que pudiera pensarse, asumía su cometido como  una  gran responsabilidad, aunque nadie le pidiera cuenta por sus posibles errores, cuya tasa  se daba por asumida de antemano.

Un aspecto enturbiaba su vida: cada día le resultaba más difícil aplicar sobre los demás una mirada transparente, sin contaminar; ver más allá era inevitable.  Ciertamente, esta circunstancia le había permitido eludir no pocas complicaciones, pero a costa de una merma en su espontaneidad, de minimizar cualquier incertidumbre, de transitar por un páramo donde la emoción y la aventura no existían, abandonando tras de sí numerosas relaciones calcinadas que lanzaban sobre su conciencia, ahíta  de escepticismo, espesas columnas de humo...



miércoles, 13 de enero de 2016

Cortocircuito


"He vivido unos días de silencio, de augusto silencio. Ni chirriar de cigarras, ni gorjear de pájaros, ni balar de ovejas, y, sobre todo, nada del rumor enloqueciente de las atareadas o alborotadas muchedumbres humanas".

(Miguel de Unamuno)






Sostiene un café humeante entre las manos. A través de los vapores que emanan de la taza, de las errantes volutas, observa con cierta aprensión el ordenador portátil que reposa sobre el escritorio. No ha abierto su tapa en las últimas semanas. Desde aquel día.


Había anochecido. Sobre el denso  silencio reinante en la habitación  se perfilaba el zumbido emitido por el ventilador del viejo aparato, funcionando a plena potencia para tratar de refrigerar el procesador sometido a una elevada y continua demanda de actividad. Como por descuido reparó en la fecha del correo que acababa de recibir. En un rápido cálculo constató que prácticamente había transitado el otoño recluida en casa, evidencia que la sumió en la zozobra.  Súbitamente experimentó cómo el calor irradiado por el silicio se trasladaba a su propio cuerpo. Fue una llamarada vívida y abrumadora que casi le cortó la respiración, imprimiendo un feroz redoble a su corazón. Una ráfaga de ideas inconexas se adueñó de su conciencia. En un impulso de supervivencia se abalanzó sobre la ventana abriéndola con furia, se apoyó en el alféizar boqueando para buscar con desespero el aire gélido del exterior. Transcurridos unos instantes, ralentizados en su percepción, en pugna por serenarse se dejó caer exánime en la cama. Una imagen remanente fija en su pensamiento: la fina arena  del tiempo goteando inexorable entre sus manos apretadas, derramándose a sus pies, bajo la atenta mirada de una gárgola de sonrisa grotesca. Después, únicamente la oscuridad y un duermevela angustioso.

Se levantó aturdida antes del amanecer. Trastabillando entre el cúmulo de envases vacíos de comida preparada y vasos de plástico, sorteando el desorden, se dirigió a la ducha.  Un aguijonazo de inquietud le sobrevino al observar de refilón su propia silueta, irreconocible,  reflejada en el espejo. Bajo el agua trató de evocar su vida anterior, tan distinta. Acopió la escasa motivación y la energía de que disponía...


Ahora, tras el retorno,  frente al fuego que comienza a caldear la estancia, toma conciencia de los músculos de su cuerpo, cincelados por el esfuerzo sostenido. Sus facciones traslucen el efecto salutífero de su estancia prolongada al aire libre. En su mente diáfana, se ha instalado el anticiclón dispersando la nubosidad provocada por la anhedonia. Regresa de los caminos tras reencontrarse con los antiguos hábitos dormidos en su memoria,  impregnada de  sutiles aromas, reconfortada por el aire fresco y húmedo,  vigorizada por  el rasponazo de los elementos.

Veloz intento de compensar el tiempo derrochado, de recobrar la lucidez y la esperanza…







viernes, 27 de noviembre de 2015

Vibración



Estar sentado el menor tiempo posible; no dar crédito a ningún pensamiento que no haya nacido al aire libre y pudiendo nosotros movernos con libertad, a ningún pensamiento en el cual no celebren una fiesta también los músculos. [...] La carne sedentaria […] es el auténtico pecado contra el espíritu.

 (Friedrich Nietzsche,  “Ecce Homo”).







Asistió a la luz crepuscular que preludiaba el orto, respiró los contornos acerados de las cumbres, acarició el profuso bosque que guarnecía el valle, y cuando las nubes volanderas se entretejieron con su piel sintió acrecentarse la llama que alentaba su pecho.

Durante toda la jornada caminó con fruición, inasequible a los arañazos del agotamiento. No iba en pos de una identidad, siempre contaminada por la obligación social de ser alguien, sencillamente deseaba destilar lo esencial, descartar lo irrelevante, integrarse en el flujo de la vida.

Ya en penumbra, cuando  todo quedó reducido a una impresión, a un rumor de fondo, a una intuición que denominó la vibración de lo eterno, y que para ella carecía de cualquier connotación religiosa o mística, sumida en un sereno estado de clarividencia, las preocupaciones que hasta entonces la acechaban se le antojaban infundadas, y tuvo la certeza de que nada de lo que había temido podría sucederle...



lunes, 16 de noviembre de 2015

Espejismo

"Mira el paisaje por la ventanilla, los campos hostigados por la sequía, la reverberación del sol en la autopista, el ritmo que pautan los postes de telefonía, el norte acercándose con lentitud, desvelando que quizá no es más que otro espejismo, la línea de un futuro inalcanzable".

(Sara Mesa "Cicatriz")







Contempla el cielo que, diáfano  bajo la influencia de los vientos alisios, se le ofrece inmenso y pleno.

Se pregunta por qué tantos miran sin ver. Víctimas que repercuten el daño, obcecados en su búsqueda estéril, prisioneros del hábito, nunca hallan, ni hallarán. Erraron al señalar la causa de su desasosiego, marraron en el camino escogido, ocultando transitoriamente un vacío vertiginoso cuya existencia se niegan a enfrentar, pero que se manifiesta ineluctable. Ignoran que ya están inmersos en la vida;  la ausencia de perspectiva les impide comprender la conveniencia  de abrir el plano, de intentar una comprensión global. Para ellos no sirven las cartas de navegación o las balizas que, desde el inicio de los tiempos, dejaron otros.

Padecen un deseo que  remite a la acción pero que, resulta paradójico, asfixia e inmoviliza al sujeto hasta anularlo, sin más expectativa ya que diluirse en la alienación  o constatar con desesperación, demasiado tarde,  tras alcanzar la idealizada meta vital, que ésta carece de significado, si es que realmente lo tuvo alguna vez. Un desenlace atroz, cuando no resta espacio para rectificar el rumbo.

El bullicio de unos niños que juegan en las inmediaciones la aparta de sus pensamientos. Comprueba una vez más la pantalla del móvil, sin signo alguno de actividad. Retira la tapa trasera del mismo y extrae la tarjeta SIM. Después de inutilizarla partiéndola en dos, la arroja a un contenedor. Selecciona en el dispositivo algunos temas musicales que la acompañarán esta noche, que ya se anuncia en el relente bajo un cielo cárdeno...



miércoles, 21 de octubre de 2015

Presagio




Después del furioso chaparrón de otoño, caminaba por una cuadrícula perfecta de calles, sin prisa, confiando su rumbo al azar. En ocasiones, al embocar alguna callejuela, vislumbraba  bajo un cielo plomizo el resplandor luminiscente del mar.

Había encontrado a su paso numerosos grupos de chicos. En algunos, a pesar de su juventud, percibía de modo ostensible por su manera de desenvolverse, por sus expresiones, la mareta de la superficialidad, la indiferencia  y el nihilismo, rasgos de personalidad  que nuestra sociedad favorece con prodigalidad.

Es un signo de los tiempos. Ajenos a la evidencia de que el contador de su vidas ya estaba en marcha, avanzando con tenacidad, dentro de unos años, transcurrido el periodo de su existencia en el que el viento tal vez  sople a favor,  se toparían bruscamente con una realidad cuyos atributos principales: la aflicción, el desamparo y la frustración,  por diversos motivos les habían sido hurtados y para afrontar la cual, pusilánimes, carentes del temperamento preciso  y  del soporte intelectual y ético necesario, no estarían capacitados, inmóviles en una suerte de hibernación,  en una espera indeterminada e incierta, abocada a la desesperanza, de la que muy pocos, los dotados de lucidez y temple, lograrían escapar.

Frente a la playa aspiró los aromas que transportaba la brisa,  y con la vista fija en un lejano barco que atravesaba el horizonte, dejó escapar el torbellino que bullía en su mente...




jueves, 1 de octubre de 2015

Interrogantes




[...] Volvió a preguntarse qué relación eran capaces de entablar entre sí los seres humanos. ¿Cómo podía uno poner en orden su vida, causar poco daño y continuar unido a otras personas?

(Richard Ford, "De mujeres con hombres")




Tras una larga caminata a través de una vereda ignota que se difumina por momentos en la oscura espesura de la fronda, abrazada por la niebla, se detiene unos instantes junto a un tronco vencido por los rigores de algún lejano invierno.

Con trazo grueso trata de esbozar un balance provisional de la situación. A su mente acuden varios términos que acotan cualitativamente el territorio a través del que transitan  sus sentimientos, aunque no resulten adecuados para nominar con precisión estos últimos: confianza, episódico, provisional, relativismo, deriva, escepticismo, resolución… Habitualmente su pensamiento no se  manifiesta a modo de frases perfectamente construidas, sino como instantáneas fotográficas que reflejan palabras clave que constituyen una síntesis, cargadas de un significado tan proteico que trasciende  lo recogido en los diccionarios.

Siente los arañazos de la inquietud al constatar con desazón que  algunos factores, obviados por considerarlos marginales o infravalorados por mero descuido,  han devenido determinantes. Ha actuado guiada por unos principios en los que cree honestamente, pero los hechos son rotundos y resultan inapelables.  

Se concede un tiempo para serenarse. Exhala el aire de sus pulmones lentamente, formando una fugaz nubecita de vapor que se condensa a su alrededor disolviéndose de inmediato.

No es pusilánime su naturaleza, no elude la incertidumbre, pero preferiría tomar la iniciativa en su gestión, no verse abocada a ser reactiva en sus decisiones. Como ocurre a veces en medio de las sinuosas y escarpadas trochas que le gusta recorrer, en caso de súbita tempestad, traspasado cierto punto resulta preferible continuar avanzando en lugar de retroceder. Aunque lo que espera más adelante sea incierto.

Ignorando los funestos vaticinios que brincan en su conciencia, comienza a caminar. Estoica frente a los imponderables…




domingo, 20 de septiembre de 2015

Influjos





Estaba de pie, ligeramente apoyada sobre el respaldo de un banco de madera, dando la espalda al mar. El pelo de la joven aleteaba al compás de los pulsos del aire que, tributario del régimen costero de brisas, refrescaba la mañana. La casualidad la había convertido en espectadora  de la conversación que tenía lugar en una mesa del cercano chiringuito. Su atención había quedado cautivada, no por el contenido de la misma, que apenas le llegaba entrecortado por los sonidos del oleaje, sino por la figura de uno de los contertulios, una mujer muy mayor sentada de frente a ella.

La anciana se mostraba muy activa y sus intervenciones eran recibidas con notorias muestras de alborozo por el resto de sus acompañantes. Observando la escena con cierto detenimiento, resultaba patente la relativa incongruencia entre la avanzada edad de la mujer y sus ademanes, manifiestamente juveniles, si nos atenemos a lo que suele ser habitual. No se trataba de una de esas personas que, reacias a  la aceptación del envejecimiento inapelable, se visten de manera estrafalaria, adoptando una pose anacrónica en un patético esfuerzo por aparentar una impostada juventud. Su tono de voz era firme pero lejos de resultar tajante. Aderezaba su conversación con esporádicas sonrisas, enmarcadas en un amplio repertorio de gestos faciales que enfatizaban sus palabras, adornadas con suaves movimientos de sus manos  bellamente trazados.

Pensó que ante ella tenía una de las escasas oportunidades de contemplar la plenitud. Vida que en su decurso se manifestaba como si el pasado con sus inevitables heridas hubiera sido abolido, existencia centrada exclusivamente en degustar el ahora, ausente de cualquier inquietud por lo que vendrá después.

La joven sonrió levemente y reanudó su paseo reflexionando maravillada sobre la capacidad de los sucesos cotidianos para incidir en los estados de ánimo, incluso para alterar su curso.  Y en eso estaba, en aguzar su sensibilidad latente, en someterse a un programa de entrenamiento sistemático que le permitiera detectar el influjo positivo, captarlo y canalizarlo para alimentar su bienestar, contrarrestando así toda la oscuridad que cada día se nos viene encima sin pedirnos permiso...



jueves, 20 de agosto de 2015

Matices





Había recorrido sin detenerse gran parte del camino: una  senda ascendente salpicada de lagos, trazada sobre un terreno adornado por un bosque de pino negro, rododendros y jugosos prados de altura. Imprimía una cadencia constante a sus pasos, los dibujaba con la armonía y la precisión de una danza, orlando sus movimientos con un halo de ingravidez. Se concedió unos instantes de pausa. Se acomodó en la orilla lacustre alzando la vista hacia las cumbres que la circundaban. El agua misteriosa y gélida, al ser mecida por la fresca brisa, emitía un arrullo monocorde que la invitaba a sumirse en un grato estado de serenidad. Recorrió con fruición los rasgos que definían la fisonomía de las cimas rotundas que se proyectaban sobre la superficie. Imaginó la apariencia del paraje en las épocas pretéritas de su remoto origen glaciar.

Abrió todos los poros de los sentidos con intenso regocijo al aire vivificante, al silencio telúrico salpicado ocasionalmente por el deslizamiento de alguna roca en las pedreras, a los amplios horizontes desbordados de luz, al roce leve de la vegetación, a un vuelo errante sutilmente delineado, a la penumbra que proyecta una nube... A la alegría de estar viva.

Pensó en los sucesos recientes; Tal vez lo ocurrido tenía su origen en el desconocimiento de la taxonomía de los sentimientos, en la carencia de una diáfana comprensión semántica que evitara la recurrente confusión entre lucidez y frialdad, estoicismo e indiferencia, juicio propio y solipsismo... Quizá, sencillamente,  ya era tarde para ellos. 

Un chapoteo la sacó de su cavilación y le sugirió que era el momento de reanudar la marcha.

Tenía pocas certezas, pero le resultaban suficientes...





viernes, 7 de agosto de 2015

Pesadilla

Nada  sucede dos veces
ni va a suceder, por eso
sin experiencia nacemos, 
sin rutina moriremos.

En esta escuela del mundo
ni siendo malos alumnos
repetiremos un año,
un invierno, un verano.

No es el mismo ningún día,
no hay dos noches parecidas,
igual mirada en los ojos,
dos besos que se repitan.

(Wislawa Szymborska, fragmento de "Nada dos veces"





Tras unos instantes de concentración, con un esfuerzo para el que precisó aunar todas las fuerzas disponibles, tensó los músculos vencidos por la lasitud y emergió del duermevela, bañada en sudor y con la sensación de que el verano, materializado en una boca inmensa en cuyas fauces se atisbaba una eterna noche tropical, estaba a punto de engullirla.

Se había soñado inmersa en un día de horizontes brumosos, cegada por una luz de brillos hirientes, inmovilizada por una espesa calina que le embotaba el entendimiento, mientras un sol bicéfalo derramaba un magma incandescente sobre una inmensa llanura plana.

Aturdida y confusa, caminando por mera intuición,  se introdujo en la ducha, accionó el pulsador con desesperación  y dejó que el agua fría corriera por su piel.  Respiraba mejor, como si su cuerpo fuera capaz de captar por todos los poros, en una suerte de ósmosis, el oxígeno contenido en el agua.

Comenzó a razonar con lucidez. Retomó las coordenadas espacio temporales abolidas por el delirio onírico que la había atenazado.

Cerró los ojos unos instantes; imaginó... Era muy tenue, un eco lejano, incluso diría que un breve hálito fresco le había acariciado las mejillas húmedas y brillantes.

Quizá una llamada a cerrar filas frente a la frustración, la sumisión y la desesperanza que, sin cuartel, pugnaban por doblegar su ilusión, su voluntad, por laminar su vida. Tiempo de pactar con el tedio, de arrancarle otro día...



sábado, 20 de junio de 2015

Como el humo de una vela...


Como el humo de una vela recién soplada, que se apaga, que se extingue, que se va.

(Sandra Pransky, "Sóplame")






Ensimismado, absorto en ignotas cavilaciones, quizá enredado con cualquier imagen surgida de algún recóndito pliegue de la memoria, el anciano meditó detenidamente su respuesta. La joven, expectante, trataba de contener su impaciencia.

Parpadeó con lentitud, una tenue sonrisa iluminó el surcado rostro y, fijando en ella su azulina mirada, musitó: desaprender,  otorgar su valor a cada instante. Para sorpresa de la joven, no hubo más.

El anciano observaba ahora con curiosidad una nube errante que adornaba el crepúsculo...


viernes, 5 de junio de 2015

Versos on stage

Quizá solo se trate de encontrar
 a quien te sigue mirando
cuando tú cierras los ojos.


Elvira Sastre












La duda, implacable, puntual a la cita.

La boca seca, reflejo de una inquietud que le nacía en el centro del pecho.

El deseo de escapar, ahora más intenso y difícil de aplacar.

Aquella voz interior, inoportuna y familiar.


Sin poder resistir la curiosidad descorrió la tela negra, apenas un palmo, para lanzar una mirada fugaz. Aterrada, cerró los ojos y trató de abstraerse del eco atronador que llegaba desde el exterior.




Apenas se reconocía, después de  los intensos meses transcurridos desde la invitación. Ella, el paradigma del retraimiento, transmutada, partícipe de un fenómeno de masas. 

En los instantes de zozobra, añoraba su vida anterior, tranquila, previsible, casi contemplativa. Se imaginaba de nuevo sentada en su rincón preferido del "Central" con el cuaderno abierto delante, saboreando el primer café de la mañana, jugando con el capuchón de la pluma mientras observaba el paso de la vida.

Y, sin embargo, el entusiasmo de toda aquella gente, no podía ser fingido. A este pensamiento trataba de aferrarse.

Sonaban los primeros acordes. La máquina de humo, cuyo soplido le produjo un escalofrío,  comenzaba a expandir una cerrada niebla por el escenario, que al ser traspasada por los focos de luz multicolor, causaba una honda impresión de irrealidad. Comprobó de nuevo que el emisor del micrófono inalámbrico estuviera correctamente ajustado.





Pronto sus versos, compuestos en la más absoluta soledad, destinados a la experiencia íntima de la lectura reflexiva, se fundirían con unas melodías diseñadas a medida, trocados en otras criaturas que con frecuencia le costaba reconocer como propias: palabras galopando el sonido, agarrándolo por las crines, supeditadas al efectismo, coreadas por miles de gargantas. Palabras cuyos matices se diluían en un magma de emoción.


Su mirada se cruzó un instante con los cálidos y amables ojos de Ainara, la solista, la intérprete de su mensaje, cuya sonrisa, acompañada de una firme presión en su hombro,le infundió la serenidad y decisión que necesitaba. Con un gesto de asentimiento, comenzó a caminar hacia el lugar destinado a las segundas voces. 

Era su última noche y se propuso disfrutarla, después podría reanudar su camino...