sábado, 15 de marzo de 2014

Collado de La Ventana



"Los mejores momentos de La Pedriza, como los de todo paisaje, son los que siguen a la desaparición del sol sobre la línea del horizonte; cuando el color se halla a punto de desaparecer de las cosas y se aproxima el instante en que (...) comienzan los misterios de la noche. La nieve de las alturas del Circo, sumidas en la sombra, adquiere un fugitivo azul de una tenuidad transparente sutilísima (...) Y apenas la noche ha suprimido las formas y el color del mundo y del paisaje, éste adquiere nuevos elementos de sensaciones hasta entonces relegadas por la luz a términos lejanos, casi subconscientes. Repentinamente, el arroyo parece haber aumentado su caudal al oírsele más fuerte e insistente; el aire trae vagos olores de esencias que emanan de excelsas lejanías silentes..."

Bernaldo de Quirós (La Pedriza del Real de Manzanares, 1923)




Sábado. Amanecer primaveral.  Se impone una jornada "pedricera", tanto para eludir a las multitudes que se disputan las, por el momento, últimas nieves de la temporada, como para prescindir del material que se precisa  para transitar por las cumbres aún  gélidas, que lastraría mi mochila en un día que invita a la ligereza. Opto por la clásica vuelta de los "Cuatro Caminos": comenzando por la "autopista" y regresando por   Los  Llanillos y el Collado del Cabrón. 


A mitad del recorrido, el sol calienta ya las piedras,  el aire es tibio, la sensación de vitalidad y energía es patente, por lo que decido ampliar el trazado previsto subiendo  al Collado de La Ventana, al que hace muchos años que no he vuelto. Al recorrer este rincón, experimento la misma emoción del descubrimiento, fijo la vista a cada paso, en cada detalle y todo me sorprende.  Un bello paraje al que me abandono:  los riscos, las luces, los olores, la vibración de la brisa, la presencia de algún animal...

En las zonas más altas, el invierno aún se resiste a replegarse, a entregar sus dominios. Aun estamos en marzo y todavía no ha dicho su última palabra.









 Los mejores escaladores de La Pedriza también disfrutan del día.












Hora de comer. También en este momento, uno de mis clásicos  de La Pedriza en temporada de invierno.





miércoles, 12 de marzo de 2014

El loco mirando desde la puerta del jardín. La invención de los trastornos mentales (Héctor González Pardo - Marino Pérez Alvarez)



El loco mirando desde la puerta del jardín


Hombre normal que por un momento
cruzas tu vida con la del esperpento
has de saber que no fue por matar al pelícano
sino por nada por lo que yazgo aquí entre otros sepulcros
y que a nada sino al azar y a ninguna voluntad sagrada
de demonio o de dios debo mi ruina.

 Leopoldo María Panero de Poemas del manicomio de Mondragón. (Hiperión, 1987)









Recientemente hemos conocido el fallecimiento del poeta Leopoldo María Panero. En todas las reseñas que se ocupan del mismo, se hace referencia a una circunstancia que marcó la vida del autor: el diagnóstico de esquizofrenia y su ingreso durante décadas en distintos centros psiquiátricos, a los que Panero se refería como manicomios. En las ocasiones en que fue entrevistado, manifestó reiteradamente su escepticismo ante la psiquiatría y sus diagnósticos, atribuyó su lamentable estado, en gran medida, al tratamiento masivo con psicofármacos. A modo de ejemplo:

  • "He pedido el alta mil veces. Yo no quiero estar aquí. Aquí odian el pensamiento, como en toda España. Por eso delirar y soñar es una defensa. Y por eso para 'curarte' se empeñan en quitarte las fantasías".
  • "Escribir es todo lo que se puede hacer en un manicomio. Aquí te das cuenta de que Kafka es un escritor realista". 
  • "Yo seré un monstruo, pero no estoy loco".
  • "La locura existe, no así su curación". 
  • "Los manicomios son el Estado de no-derecho. Los manicomios son lugares de privación de la vida. La psiquiatría es una estafa. La psiquiatría delira". 
  • " Los periódicos en España han tenido que elegir entre la locura y la verdad, y tanto los que han elegido una cosa como la otra han elegido bien, porque las dos se parecen mucho".
  • " ¿Qué es la verdad? El único malestar en la cultura y la única revolución posible es la de la locura, que debiera ser un cambio y no un trastorno en la percepción". 
  • “El loco yerra, pero no miente, pues tiene la manía de decir siempre la verdad”.
  • " Vivo una situación infernal en el manicomio. Eso es peor que la muerte".
  • " Creo en la literatura, pero no creo en la clase obrera, y menos en la clase obrera española. Creo en el anarcoindividualismo, no hay nadie por encima de mí".  


Inquietantes manifestaciones... Los interrogantes que plantean las palabras del poeta, han sido tratados a fondo, entre otros muchos aspectos relativos a los denominados "trastornos mentales", en el texto que recomendaré a continuación. Quiero destacar algunas conclusiones de los diferentes estudios realizados, que se analizan en el mismo, por guardar relación con las tesis  sostenidas por Leopoldo Mª Panero: en el caso de la esquizofrenia, aún sin negar su posible condición biológica, los sistemas de diagnóstico así como las formas de tratamiento pueden conformar de alguna manera su curso y pronóstico, que es significativamente mejor en los países en vías de desarrollo que en los países tecnológicamente más avanzados: su curso es más benigno y el deterioro en el funcionamiento social es menor en los primeros. Probablemente en nuestro entorno cultural se confía todo a la medicación, descuidando otras condiciones de orden vital, de las que dependería el mejor pronóstico y recuperación en el Tercer Mundo. La medicalización de un episodio psicótico podría, en algunos casos, convertirlo en una enfermedad mental, cuando podría quedar en un episodio de la vida.





Las personas interesadas en estas cuestiones pueden profundizar en las mismas mediante la lectura del libro "La invención de trastornos mentales" (Alianza Editorial) de Héctor González Pardo (Doctor en Biología, profesor titular de Psicobiología del Departamento de Psicología de la Universidad de Oviedo) y Marino Pérez Alvarez (Doctor en Psicología, catedrático de Psicología de la Personalidad, evaluación y tratamientos psicológicos de la Universidad de Oviedo). A continuación me tomo la libertad de transcribir la introducción del texto de estos autores de absoluta solvencia con el único objeto de clarificar el planteamiento del mismo y alentar la lectura de un texto de gran valor:


El tema del libro

El tema de este libro es, en primera instancia, el desenmascaramiento de las prácticas clínicas, tanto de la Psiquiatría como de la Psicología, por medio de las cuales se inventan trastornos mentales. Las prácticas clínicas, se excusaría decir, forman parte de todo un entramado que incluye la investigación científica, la industria farmacéutica, el estatus de los profesionales implicados, la política sanitaria, la cultura clínica mundana y, en fin, la sensibilidad de los pacientes. Con todo, el tema del libro es, en última instancia, el planteamiento de la naturaleza de los trastornos mentales y de su tratamiento, a partir de lo que revela el desenmascaramiento realizado. Lo que se pone de relieve por todos los lados es que los «trastornos mentales», lejos de ser las supuestas entidades naturales de base biológica que buena parte de la clínica actual (en connivencia con la mayoría de los pacientes) pretende hacer creer, serían entidades construidas de carácter histórico-social, más sujetas a los vaivenes de la vida que a los desequilibrios de la neuroquímica. El hecho de que sean entidades construidas no priva para nada a los trastornos de entidad real. Ahora bien, su carta de realidad sería de otro orden, más del orden de los problemas de la vida que de la biología y de la persona que del cerebro.

El problema del que parte

El problema de partida es la creciente cantidad de trastornos mentales, referida tanto a la aparición de nuevos tipos como a la incidencia de los ya conocidos. Así, nuevos tipos de trastornos, aunque ya parecen de toda la vida, datan en realidad de hace unos veintitantos años (a partir de la década de 1980), tales como el estrés postraumático, el ataque de pánico y la fobia social, por citar unos que tienen categoría diagnóstica reconocida. No se dejaría de recordar que desde la primera edición, de 1952, del Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM-I) de la Asociación Americana de Psiquiatría a la del año 2000 (DSM-IV-TR), las categorías diagnósticas han crecido más del 200% (pasando de poco más de 100 en 1952 a casi 400 en 2000), dándose el mayor aumento a partir de las ediciones de la década de 1980 (de donde datan las categorías citadas). Si se tiene en cuenta que a finales del siglo XIX había unas ocho categorías, el «progreso» ha sido considerable. Por su parte, la incidencia de otros trastornos ya conocidos, como la depresión, ha alcanzado proporciones epidémicas, cuando apenas tenía relevancia hace veintitantos años. Sin ir más lejos, el consumo de antidepresivos en España (siguiendo tendencias internacionales) se ha triplicado en diez años, pasando de 7.285.182 envases vendidos en 1994 a 21.238.858 en 2003, a cargo de la Seguridad Social (según datos facilitados por el Ministerio de Sanidad), sin contar las prescripciones de los psiquiatras en sus consultas privadas. Además, en 2005 los medicamentos más vendidos en cuanto a número de envases fueron los psicofármacos. Por otro lado, la misma esquizofrenia parece tener mejor pronóstico en los países del Tercer Mundo que en los más desarrollados. Así, mientras que la remisión de un proceso psicótico en los países en vías de desarrollo es del 63% en los más desarrollados es del 37%. ¿Qué está pasando? La respuesta no se puede conformar con explicaciones genéricas tales como decir que vivimos en una sociedad acelerada, de estrés, que nos vuelve locos. Para empezar, una explicación así debería resultar chocante si se considera que esa misma sociedad es la del bienestar y de la calidad de vida. Se podría añadir que ha cambiado la sensibilidad de la gente, de manera que ahora «siente» como problemas cosas que antes no lo eran o eran vividas de otra manera. De ser esto cierto, surge una petición de principio, ¿por qué es así?, ¿de dónde viene esta sensibilidad? Otra posible respuesta podría invocar el desarrollo de las disciplinas que entienden de estos problemas, la Psiquiatría y la Psicología, diciendo que habrían descubierto lo que siempre estaba allí gracias a la disponibilidad, ahora, de nuevos métodos científicos. Sin embargo, no se trata propiamente de descubrimientos científicos. Lo que ocurre es más bien una evolución conjunta entre el crecimiento de los trastornos mentales y el desarrollo de las disciplinas que los tratan. Esta posible coevolución entre trastornos y tratamientos debiera ser examinada antes de invocar los hallazgos científicos como explicación del mayor número de trastornos. Lo que revelaría el examen es que dicha coevolución se da en el contexto de un creciente gasto sanitario. Nos referimos sobre todo al gasto en psicofármacos. En este sentido, el gasto sanitario viene a ser el contexto que sostiene y mantiene la boyante coevolución entre trastornos y tratamientos. A estas alturas, ya no se podría ser tan ingenuo o tan cínico como para decir que «menos mal que la Seguridad Social puede sostener el coste de tanto trastorno». Porque lo que realmente habría que decir es que el gasto sanitario está sosteniendo y manteniendo la propia coevolución entre trastornos y tratamientos. Prueba de ello es su escalada continua. Dada esta escalada, ya no es fácil ciertamente percibir si son antes los trastornos mentales (los problemas) y después los psicofármacos (las soluciones), como sería lógico, o si son antes los psicofármacos y después los trastornos, al fin y al cabo no sería la primera vez que las soluciones generan los propios problemas que dicen solucionar. Se puede adelantar, de acuerdo con explicaciones debidamente documentadas que se encontrarán en el libro, que es esto precisamente lo que está pasando, que son antes los psicofármacos que los trastornos. Los psicofármacos son los que promueven los trastornos de la manera que son, como si fueran enfermedades mentales. Bien entendido que no se está diciendo que la existencia de psicofármacos sea la causa de que la gente tenga problemas, sino de que los problemas que tiene la gente tomen la forma de trastornos mentales de supuesta base biológica remediable precisamente con psicofármacos. El caso es que los nuevos preparados se suelen abrir paso mediante la preparación de nuevos trastornos. De todos modos, la cuestión aquí no es hacer una mera denuncia de una situación que, aun siendo de escándalo, es conocida (lo que la hace todavía más escandalosa).

La cuestión de fondo

La cuestión de fondo es la naturaleza de los trastornos mentales y su tratamiento. Si hasta aquí se ha hecho mayor referencia a la industria psicofarmacéutica se debe a que ésta es actualmente el mayor sistema de invención de trastornos mentales y de su tratamiento. Pero no se trata de la mera denuncia de una supuesta «mano negra» que manejara los hilos del malestar de la gente (que ni siquiera sería «mano negra» porque es bien conocida). No se trata tampoco de negar el sufrimiento que comportan los así llamados «trastornos mentales». En absoluto se niega que los trastornos dados no sean hechos reales, lo que se plantea es cómo son hechos reales. En este sentido, la cuestión de fondo es de carácter ontológico, acerca del estatuto de realidad del trastorno y de su razón de ser. A este respecto, se presentan dos grandes alternativas. O bien los llamados «trastornos mentales» son entidades naturales de base biológica («formaciones naturales»), o bien son entidades construidas de carácter histórico-social («construcciones prácticas»). Las componendas que mezclan ambas posturas, por ejemplo, equiparando cerebro-mente, serían vistas aquí como explicaciones confusas si es que no oscurantistas. Como quiera que sea, de acuerdo con nuestro planteamiento, los llamados «trastornos mentales», o bien serían «formaciones naturales» cuyas condiciones biológicas se irían descubriendo (y ciertamente habrá que ver lo que se sabe acerca de ellas), o bien serían «construcciones prácticas» cuya forma sería la que los clínicos necesitan dar a los problemas presentados por los pacientes para poder tratarlos de la manera que lo hacen. En este sentido, los «trastornos mentales» serían en realidad las construcciones prácticas que necesita la psiquiatría de orientación biológica para tratarlos como si fueran enfermedades (cuando es el caso que no está nada claro que lo sean). La cuestión es, en el fondo, que los problemas que presenta la gente pueden tomar relativamente distintas formas no ya sólo según el momento histórico-social (por ejemplo, histeria en tiempos de Freud, depresión en tiempos del Prozac), sino también según la orientación de los clínicos que los tratan (por ejemplo, como un problema neuroquímico, psicodinámico, cognitivo, existencial, de conducta o familiar). El caso no es, por tanto, que tomen una u otra forma (que alguna habrán de tomar para su «tratamiento»), sino la forma que tomen. El asunto no es que sean «construcciones prácticas», sino prácticas para quién (¿para la industria farmacéutica?, ¿para el sistema de salud?, ¿para el estatus del profesional?, ¿para el paciente?, ¿para la familia?) y qué sea lo práctico (¿pasar por enfermo?, ¿arreglar una situación?, ¿escamotear la propia responsabilidad en el problema?, ¿asumir la responsabilidad?). Aquí entran de lleno las terapias psicológicas. La idea es que las terapias psicológicas podrían hacerse cargo más cabalmente de los trastornos mentales, dada la homogeneidad entre el tipo de problema y el tipo de solución. Pero ahora el problema que surge es que las terapias psicológicas son varias y variadas entre sí. Cuando menos, habría cinco grandes sistemas de terapia psicológica y cómo tales sistemas contienen todo lo necesario para tratar los distintos trastornos. Quiere decir que un mismo problema podría tener una consideración relativamente distinta según el sistema dentro del que fuera tratado. Esta pluralidad de sistemas podría verse en un principio, y así suele verse, como una «confusión de lenguas», indicativa de inmadurez científica, supuesto que un único sistema fuera lo propio. Sin embargo, no es así, a pesar de los más de cien años de psicología científica. ¿Por qué no es así? Tal vez no hay un sistema unificado de terapia psicológica, debido precisamente a la naturaleza constructivo-práctica de los trastornos psicológicos. Si fueran entidades naturales, como lo son las enfermedades médicas, sería de esperar un sistema estándar (en Medicina no tiene sentido preguntar de qué orientación es, por ejemplo, un neumólogo, sin perjuicio de los distintos criterios clínicos, pero en Psiquiatría y Psicología sí). Siendo los problemas psicológicos susceptibles de una variada reconstrucción (en todo caso, sistemática y, por supuesto, no caprichosa), cabe entender que esa pluralidad de sistemas venga a mostrar el carácter abierto, constructivo-práctico, de los problemas de la vida de los que derivarían, en realidad, los trastornos mentales (psiquiátricos o psicológicos, que ésta ya no es la cuestión). Las diferencias resultantes de enfocar un problema de acuerdo con un sistema u otro no estarían tanto en el orden del acierto y del error (como así sería en el diagnóstico y tratamiento de una enfermedad) como en el orden práctico, siendo aquí decisivo, de nuevo, preguntar práctico para quién y en qué sentido. No se dejaría de anticipar que los propios psicofármacos no respetan los diagnósticos para los que se supone que son específicos. Así, por ejemplo, un psicofármaco aprobado y etiquetado como antidepresivo resulta que es igual de eficaz —o más— para otros trastornos.

La cuestión que emerge: modelo médico de psicoterapia frente a modelo contextual de psicoterapia

Una forma de abrirse paso ante esta pluralidad de terapias psicológicas sería preguntar si funcionan. Porque si no funcionan o unas funcionan mejor que otras, el criterio empírico podría decidir. Pues bien, puede parecer sorprendente pero se puede decir en general que todas funcionan. Todas son eficaces y lo son en una medida similar. Sus diferencias son más de matiz que de sí o no, de decimales que de enteros. Ciertamente, hay algunas terapias psicológicas que tienen mayor reputación de eficacia que otras. Pero esta reputación, sin dejar de ser meritoria y por lo demás bien merecida, tiene una «explicación» que hace al caso de la valoración de las terapias que no gozan de tal reputación. Y es que las terapias psicológicas más conocidas y reconocidas por su eficacia han adoptado el modelo médico, en detrimento de un modelo contextual, quizá más propio de la psicología clínica. El modelo médico de terapia psicológica concibe el trastorno mental como un cuadro de síntomas que responden a un supuesto mecanismo psicológico interno disfuncional (equivalente a la condición biológica que supone el modelo médico de enfermedad). Así, la terapia psicológica consistiría en la aplicación de técnicas específicas, que vendrían a ser equivalentes a la medicación (aun cuando tal especificidad no existe ni en psicofarmacología ni en psicoterapia). Por su parte, el modelo contextual de terapia psicológica entiende el problema presentado (que no sería necesario identificar como un «trastorno mental» cual cuadro de síntomas) en el contexto biográfico de la persona y sus circunstancias. Así, la terapia psicológica consistiría más que nada en la prestación de una ayuda dada en el contexto de una relación interpersonal, se excusaría decir que profesionalmente concebida. El gran mérito de las terapias psicológicas que siguen el modelo mé- dico es que han mostrado ser tan eficaces —o incluso más— que el tratamiento psicofarmacológico. En este sentido, se puede decir que la terapia psicológica tiene probada su eficacia frente a la medicación, que venía a ser una referencia obligada con la que medirse. Las terapias psicológicas reputadas por su eficacia han competido y mostrado su competencia en el terreno de la psiquiatría, jugando con sus criterios de eficacia que no son otros que los de la medicación (mayormente reducción de síntomas). Ahora bien, esta equiparación ha sido a costa en buena medida de convertir los trastornos psicológicos en unos cuantos síntomas definidos más en función de la medicación («escuchando al Prozac») que de lo que realmente le pasa a la gente («escuchando al paciente»). Siendo así, esta equiparación de la terapia psicológica con la medicación ¿es la última palabra?, ¿lo siguiente es continuar compitiendo con la medicación para seguir en carrera? El planteamiento que se sigue en este libro no se conforma con la equiparación de la terapia psicológica con la psicofarmacológica ni toma como modelo el modelo médico. Antes bien, pone en entredicho la propia «bondad» del modelo médico aun dentro de la Psiquiatría. Porque tampoco toda la Psiquiatría está amoldada al modelo médico. De hecho, una importante tradición de la psiquiatría es crítica de la Psiquiatría biomédica y se ofrece ella misma como alternativa (se podría decir psicosocial, cultural, contextual). Puesto que dentro de las terapias psicológicas, hay unas que adoptan el modelo médico, como se acaba de decir, y otras no, la cuestión que se plantea aquí no es Psiquiatría frente a Psicología, sino el modelo de base. Concretamente, la cuestión sería el debate entre el modelo médico (dado tanto en Psiquiatría como en Psicología) y el modelo contextual (que puede encontrarse igualmente en ambas disciplinas.

Las tesis que se sostienen

No importa que en esta Introducción ya se haya medio desvelado el argumento del libro. Se trataba de anticipar su contenido y de invitar a su lectura. Comoquiera que el libro sostiene tesis (más que hipótesis) que no son obvias sino más bien polémicas, será necesario recorrer su argumento. Concretamente, las dos tesis que se sostienen son éstas: por un lado, que los tratamientos tanto psicofarmacológicos como psicológicos se las arreglan para promover trastornos a su medida y, por otro, que la pluralidad de tratamientos existentes revela más bien el carácter abierto de los trastornos psiquiátricos o psicológicos que la supuesta miseria de la Psiquiatría y la Psicología (sin perjuicio de sus debilidades). En todo caso, la vida y tanto más en la sociedad actual parece «causar» trastornos sin parar. De ahí que sea importante preguntar qué está pasando y si fuera necesario, como parece serlo, plantear la cuestión de fondo, que no es otra que la naturaleza misma de los trastornos mentales y de sus tratamientos. En resumidas cuentas, la cuestión va a ser si se ha de escuchar al fármaco, reduciendo el trastorno a los síntomas sensibles a la medicación, o si se ha de escuchar al paciente, situando el trastorno en el contexto de su vida y circunstancias.

El desarrollo del argumento

El argumento del libro se desarrolla en tres partes. En la primera, se lleva a cabo el desenmascaramiento de la Psiquiatría y de la Psicología clínica, desvelando su método de construcción. Se empieza por introducir el «efecto Charcot», según el cual el clínico describe lo que él mismo propaga, mostrando que este efecto sigue vigente en la psiquiatría actual. En esta línea, se señala al marketing farmacéutico como una nueva «institución para la propagación de la fe»; en este caso, en las explicaciones y soluciones biológicas a los trastornos mentales. Más allá de la propaganda, se estudia la cultura clínica que caracteriza a la sociedad actual. Finalmente, se presentan ejemplos concretos de invención de trastornos mentales, donde figuran algunos de los más prevalecientes en la clínica actual. En la segunda parte, se hace un estudio a fondo del estado actual de la psicofarmacología. Se empieza por la historia del descubrimiento de los psicofármacos, donde se muestra que a menudo ha sido cosa más de la casualidad que del conocimiento de causa. A continuación, se expone su funcionamiento, de acuerdo con los tres grandes grupos de psicofármacos de mayor uso: ansiolíticos, antidepresivos y antipsicóticos. Dado que es muy importante para comprender el verdadero alcance de los psicofármacos, se exponen asimismo los métodos que se utilizan en su investigación; en concreto, los ensayos pre-clínicos, los ensayos clínicos y los modelos animales de «enfermedades mentales». Puesto que los psicofármacos suponen que los trastornos mentales tienen bases biológicas, se expone lo que se sabe actualmente acerca de dichas bases biológicas. Dentro de ello, se destaca en particular lo que se mide realmente mediante las técnicas de neuroimagen. En la tercera parte, se hace también un estudio a fondo en este caso de los tratamientos psicológicos. Se empieza por reconocer la existencia de distintas formas de tratamiento. Se entiende que todas tienen su razón de ser: unas se proponen la comprensión de sí mismo; otras, el entendimiento filosófico de los problemas; otras, la potenciación de las propias capacidades autosanadoras; otras más, el aprendizaje de nuevas formas de comportamiento, y, en fin, otras más todavía, la revisión de las relaciones familiares. De cada una de ellas se presenta su fundamento, concepción psicopatológica, objetivos, procedimiento y estatus empírico. Finalmente, se establecen las conclusiones generales del libro, las cuales alcanzan tanto a la naturaleza de los trastornos mentales como al modelo conforme al que debieran ser tratados.





domingo, 9 de marzo de 2014

Huyendo del Centro Comercial Parque Nacional Sierra de Guadarrama





Sábado. Primer día del año en que el buen tiempo se manifiesta rotundamente: el cielo diáfano, los riscos albos, el aire fresco a primera horas que se va templando a medida que el sol emerge... 

El espectáculo es dantesco:  las montañas transmutadas en centro comercial, el personal arrojándose por cualquier ladera nevada a lomos de una tapa de taza de váter, la basura (he visto a algunos arrojar sus geles vacíos o sus envoltorios de barritas, como en la tele, porque su rendimiento es lo único que cuenta), el abandono (para nuestros políticos la naturaleza es una mercancía más), la aglomeración propiciada por la bonanza meteorológica y la consiguiente gran afluencia de público a los lugares más accesibles en coche... 


Se hace necesario poner en práctica un plan alternativo que nos aporte satisfacción  paisajística y serenidad, que  nos acelere el corazón, tanto en el sentido poético como en el fisiológico de la expresión, al tiempo que nos evitamos los inconvenientes de la masificación. Afortunadamente,  siempre existe en el repertorio alguna opción que se ajuste a cada circunstancia. 





Partimos del bosque  y sin tregua subimos durante un par de horas hasta una de las mejores atalayas del Guadarrama. Frente a nosotros,   en cualquier dirección que miremos, solo hay lugar para la belleza y la soledad plena, tan deseada hoy.












La Mujer Muerta


Montón de Trigo



Bola del Mundo y Cabezas de Hierro


Vertiente segoviana: Peña Citores, Peñalara, Claveles, Pájaros...


jueves, 6 de marzo de 2014

Molinos de viento



















Vueltas y más vueltas este mundo da
y lo que ahora comienza se había acabado ya.
Los ciclos de la vida mueven el corazón,
lo que más odias te atrapa, lo que más quieres voló.

Molinos de viento, clavados en un lugar.
Como molinos de viento
condenados a girar.

Eso, lo sabes tú...

A veces el camino te enseña a caminar
pero elegir destino ese es otro cantar,
y alguien lo hizo antes y alguien lo hará después,
no necesito explicarte lo que conoces bien.

Molinos de viento, clavados en un lugar.
Como molinos de viento
condenados a girar.

Vueltas y más vueltas da, el síndrome de la espiral.
Todo lo que estaba bien ahora parece que está mal.
Y la historia se repite en forma circular.
Aún cambiando de dirección, sólo por el Este,
sale el sol...

(Molinos de viento, Asfalto)  http://www.youtube.com/watch?v=1g6jc00DUBQ


Uno de los supuestos básicos que sustentan ideológicamente a las denominadas sociedades occidentales democráticas es aquel que señala que un inmenso abanico de posibilidades de toda índole se ofrece a cada uno de sus miembros, los cuales pueden elegir con absoluta libertad su destino, dirigirse a él y culminar sus metas, a priori sin mayores obstáculos, si se aplican a ello. Sobre este presupuesto se estructuran sus instituciones y, por supuesto, en él se fundamenta la educación.


La sociedad, en líneas generales, asume de manera "acrítica" este axioma, ya sea de modo bienintencionado e  ingenuo, o desde el puro cinismo.  Pero lo cierto es que  sobre el que no triunfa, entendiendo por triunfo, fundamentalmente la obtención de una buena posición laboral (en profesiones de cierto prestigio, a ser posible) y económica, que sería el reflejo inequívoco desde esta óptica de que uno es dueño de su destino, se cierne un estigma cierto.



Si observamos de modo juicioso nuestro entorno, no podemos sino calificar este planteamiento de ilusorio en el mejor de los casos, si no de falacia. Sus más firmes defensores son aquellos que ostentan un buen estatus social, laboral y económico, merecido y obtenido con esfuerzo y trabajo en algunos casos, heredado o alcanzado de modo ilegítimo en muchos más.


Estas líneas no son un canto al inmovilismo, al derrotismo o al abandono de las metas e ilusiones, únicamente tratan de aplicar una mirada crítica a estos presupuestos cuya falsedad, aunque fuera en términos meramente estadísticos, puede comprobar cualquiera que abra los ojos y abandone los prejuicios al uso, tratan de ser un sencillo recuerdo y homenaje a todos aquellos que teniendo talento, capacidad, entusiasmo... Que habiendo trabajado con ahínco y dedicación,  han sido socialmente triturados y abandonados por no ajustarse al patrón esperado. También una llamada a la rebeldía, a que pongamos en cuestión el propio patrón e intentemos en la medida de nuestras posibilidades modificarlo.


El "mundo de posibilidades al alcance de todos" en el que supuestamente vivimos, puede ser una oportunidad de realización, pero con no poca frecuencia,  tácitamente, se aplica como descalificación para la gran mayoría que no consigue sus objetivos a causa de los numerosos condicionamientos sociales, económicos, culturales, biológicos o de otra índole, obviados por los que pretenden convencernos de que ya hemos alcanzado la sociedad de la igualdad de oportunidades,  por los que alentando el conformismo, hacen responsables de "labrarse su desgracia", a los que no triunfan, exonerando a los gobiernos, y a los de siempre, verdaderos responsables de esta situación.



martes, 4 de marzo de 2014

Glaciares Pirenaicos






Podríamos definir un glaciar como una gran masa de hielo que se origina por compactación de la nieve, en los lugares en donde anualmente su aporte supera la cantidad que se elimina por fusión, y que fluye por gravedad a favor de la pendiente. Los glaciares más meridionales del continente europeo se encuentran enclavados en el Pirineo aragonés, y padecen una situación de progresiva regresión, en algunos casos ya desaparición, que se ha acentuado en las últimas décadas. Desde 1894 los glaciares españoles han perdido casi el 90% de su superficie. Son restos de enormes extensiones de hielo de decenas de kilómetros de longitud que labraron profundos valles.








La Maladeta (1988)
A finales del siglo XIX la superficie de los glaciares españoles llegaba a las 1.779 hectáreas (3.300 si tomamos en cuenta la vertiente francesa). En 2008 la superficie se redujo a 200 hectáreas (179 más en Francia), fenómeno global                                 en todo el mundo.




Comparativa Glaciar del Aneto


La Maladeta (1871)



Comparativa glaciar de La Maladeta



Comparativa
glaciar del Monte Perdido 


En el siglo XVI comenzó la conocida como Pequeña Edad del Hielo que supuso hasta 1860 una extensión de los glaciares en el continente europeo. Desde entonces el retroceso ha sido permanente y acelerado en los últimos años, al parecer ligado a la actividad humana.

Es importante señalar que la desaparición en superficie de la masa helada se produce en último término tras el adelgazamiento interior progresivo, es decir, actualmente parte de la superficie del terreno glaciar que aparentemente se mantiene, está sufriendo un deterioro interno que posteriormente evidenciará sus consecuencias.


A modo de ejemplo, el glaciar de La Maladeta ha perdido desde 1991  el 50 % de su superficie (actualmente  25,32 hectáreas), incrementándose el ritmo desde 2010 (el 8%). 

Trabajos de control en el glaciar de La Maladeta

Desde 1994 ha perdido 16 metros de espesor medio, 35 metros en su parte inferior.



Disfrutemos de ellos mientras sigan existiendo (la observación de algunos es realmente asequible en verano, cuando la nieve invernal que los cubre se ha fundido y el hielo resulta visible),  tratemos de minimizar nuestro impacto en el medio ambiente, y confiemos, aunque no seamos testigos de ello, en la llegada de otro periodo de frío intenso, quizá a miles de años vista, que los haga renacer.




Algunos glaciares del Pirineo en la actualidad

Glaciar de Coronas






Glaciar de Literola

Glaciar de Llardana

Glaciar del Aneto

Glaciar del Monte Perdido

Glaciar de Posets
Glaciar de La Maladeta (2013)









sábado, 1 de marzo de 2014

Lección de filosofía para una vida plena




Este es el principio económico-filosófico fundamental que conviene aprender cuanto antes. A muchos les parece un asunto tétrico, pero cuando asumes este sencillo postulado, la vida cobra una nueva dimensión, comienza a escribirse con mayúscula.  Dejar al margen toda la milonga con que cada día somos asediados, en aras de intereses inconfesables que no son los nuestros, permite que nos centremos en lo que verdaderamente deseamos, lo cual hace posible vivir con plenitud. Esta es toda la economía que necesitamos saber.



Buscar el propio camino

No perdamos en tiempo en cuestiones sin importancia





No escuchemos los cantos de sirena del sistema




Rentabilidad ¿Para quién?