lunes, 18 de agosto de 2014

Tiempo sin tiempo





Preciso tiempo. Necesito ese tiempo
que otros dejan abandonado,
porque les sobra o ya no saben
qué hacer con él.

Tiempo en blanco,
en rojo, en verde
hasta en castaño oscuro,
no me importa el color.
Cándido tiempo
que yo puedo abrir
y cerrar como una puerta.

Tiempo para mirar un árbol, un farol,
para andar por el filo del descanso,
para pensar qué bien hoy es invierno,
para morir un poco y nacer enseguida
y para darme cuenta,
y para darme cuerda.

Preciso tiempo el necesario para
chapotear unas horas en la vida,
y para investigar por qué estoy triste
y acostumbrarme a mi esqueleto antiguo

Tiempo para esconderme
en el canto de un gallo
y para reaparecer
en un relincho,
y para estar al día,
para estar a la noche.

Tiempo sin recato y sin reloj,
vale decir preciso,
o sea necesito,
digamos me hace falta
tiempo sin tiempo.

(Mario Benedetti)

domingo, 17 de agosto de 2014

Tocar en directo


Ahora te veo ahí y me das miedo una vez más,
siento que tú me miras, a veces dudo si me ves,
no importa, ahora da igual, estoy pensando en mí.
¿Qué puedo hacer por ti? Intenta pasarlo bien.
No voy  construir un himno con mi voz,
ya lo intenté, una y otra vez, y me perdí.

Ahora quiero que entiendas que solo soy uno más
y si me ves de vuelta, me queda mucho por llegar.
Ya ves, esto es así, y esta es mi gran verdad,
no he perdido la ilusión, no me interpretes mal.
Quiero cantar, quiero seguir así,
debo pensar que lo hago por mí, aunque estés ahí.

Cantar, cantar, es algo más que una intención,
cantar, gritar, hasta que aguante el corazón.

(Asfalto, "Más que una intención")







Hace unos días, navegando por la red, recalé en un foro donde se debatía qué objeto tiene y a qué normas debería ceñirse un blog. Como es habitual se manifestaban encendidas opiniones diametralmente opuestas.

De lo tratado en el debate referido, destacaría especialmente dos cuestiones: qué motiva la apertura de un blog y qué calidad ha de tener el contenido del mismo.

Cada bloguero posee su punto de vista y su opinión al respecto, por lo que me limitaré a exponer brevemente cómo lo veo yo:

No busco en la confección de los contenidos la máxima elaboración, sino plasmar las impresiones que las diferentes actividades que son foco de mi interés, - que constituyen en gran manera  mi propia personalidad - y las vicisitudes vitales me producen. Se trataría de textos redactados a vuela pluma, tomas "en directo de la mesa de sonido", sin demasiada "postproducción" , procurando, eso sí, dotarlos de tanta  calidad como, en dichas condiciones, me sea posible. 

La vida transcurre deprisa, cada día nos aporta nuevas experiencias que llaman nuestra atención y muchas de ellas tienen su reflejo en el blog de diferentes modos: pequeños relatos, opiniones manifiestas, fotografías, inclusión de textos de otros autores sobre cuestiones que me interesan...

Me atrae especialmente la inmediatez de internet y su ubicuidad, la posibilidad de lanzar mensajes en la botella que no sabes quién recibirá. Retomando el símil musical: una grabación en estudio puede alcanzar la perfección, pero  ¿Quién se resiste a tocar en directo? 

Hay algo que me gustaría matizar, y que se halla implícito en la letra del tema de Asfalto que se reproduce más arriba: según yo lo concibo, ante todo, el blog posee auténtico significado para su autor, que a través de él canaliza sus inquietudes, trata de dar respuesta a sus interrogantes, deja constancia de sus experiencias o ejerce una suerte de catarsis en otras ocasiones... 

Se desea que, tras su lanzamiento, las sucesivas entradas interesen a los potenciales lectores,  quizá que les despierte inquietudes soterradas... En cuyo caso, por supuesto, la alegría sería inmensa, y se alcanzaría el segundo objetivo perseguido: comunicar, conectar... La responsabilidad para con los posibles receptores, por pocos que fueren, redobla el interés del autor por presentar un trabajo digno. 

Dudo de la posibilidad de realizar el camino inverso, del lector al autor.

El blog se nutre de la propia vida y a su vez la dota de mayor intensidad, constituyendo un circuito de realimentación que incrementa la potencia de sus componentes y los diversifica.


jueves, 14 de agosto de 2014

Blog pre .com



Forjé un eslabón un día
otro día forjé otro y otro.
De pronto se me juntaron
-era la cadena- todos.

(Pedro Salinas)













El aire  resbala  desde el  norte y se  introduce en la
campiña sin encontrar apenas resistencia.  Zarandea la escasa vegetación que, reseca tras muchos días de bochorno, se desentumece  emitiendo numerosos crujidos. El hombre,   piel dura de cuero,  cabellos largos y barba rala, agradece el frescor inesperado que revitaliza su nervudo y gastado cuerpo.

La pista polvorienta se agita en una súbita tolvanera que compone un caprichoso remolino.

Mientras contempla las evoluciones de un águila real, el hombre, desliza la mano por su rostro  en un gesto reflexivo para, finalmente,  llevársela a la frente como un remedo de  visera que le permita observar el cielo con mayor comodidad.

Tras un rato de distracción con la rapaz, se acomoda a la sombra de un chaparro, introduce sus dedos en la gastada bolsa de lona que porta a un costado y extrae un  cuaderno de tapas sólidas y hojas amarillentas que abre por su parte central. Con un pequeño  lápiz de punta roma comienza a poner por escrito las impresiones que la caminada ha depositado en su ánimo, dirigiendo su mirada de tanto en tanto a la lejanía, con expresión reconcentrada, como a la búsqueda de los términos precisos que mejor reflejen lo que desea expresar.



Al cabo, tras completar varios renglones con letra irregular, efectúa con firmes trazos un dibujo y tras repasar el texto, conforme con el resultado, cierra el diario, se recuesta en el tronco y observa las caprichosas formas cárdenas que aparecen sobre el horizonte, hasta que  una plácida somnolencia le afloja los párpados...



lunes, 11 de agosto de 2014

Posibilidades









En el siguiente poema, que fue versionado en un tema interpretado por Gerard Quintana, se enuncian una serie de preferencias de la autora. Que cada cual añada las suyas...




Posibilidades


Prefiero el cine.
Prefiero los gatos.
Prefiero los robles a orillas del río.
Prefiero Dickens a Dostoievski.
Prefiero que me guste la gente
a amar a la humanidad.
Prefiero tener a mano hilo y aguja.
Prefiero no afirmar
que la razón es la culpable de todo.
Prefiero las excepciones.
Prefiero salir antes.
Prefiero hablar de otra cosa con los médicos.
Prefiero las viejas ilustraciones a rayas.
Prefiero lo ridículo de escribir poemas
a lo ridículo de no escribirlos.
Prefiero en el amor los aniversarios no exactos
que se celebran todos los días.
Prefiero a los moralistas
que no me prometen nada.
Prefiero la bondad astuta que la demasiado crédula.
Prefiero la tierra vestida de civil.
Prefiero los países conquistados a los conquistadores.
Prefiero tener reservas.
Prefiero el infierno del caos al infierno del orden.
Prefiero los cuentos de Grimm a las primeras planas del periódico.
Prefiero las hojas sin flores a la flor sin hojas.
Prefiero los perros con la cola sin cortar.
Prefiero los ojos claros porque los tengo oscuros.
Prefiero los cajones.
Prefiero muchas cosas que aquí no he mencionado
a muchas otras tampoco mencionadas.
Prefiero el cero solo
al que hace cola en una cifra.
Prefiero el tiempo de los insectos al estelar.
Prefiero tocar madera.
Prefiero no preguntar cuánto me queda y cuándo.
Prefiero tomar en cuenta incluso la posibilidad
de que todo tiene una razón de ser.

(Wislawa Szymborska , de "Gente en el puente", 1986)



jueves, 7 de agosto de 2014

Certeza





El caminante eleva la vista al cielo diáfano para comprobar, una vez más, la posición del sol. Se ajusta el sombrero, asegurándose de que no queda resquicio alguno por donde su radiación pueda filtrarse. Se ciñe el pañuelo al cuello para protegerse de  las picaduras de los insectos veraniegos que, desde hace un buen rato, lo acosan con sus fintas.

El caminante, prueba a pronunciar alguna palabra. Con incredulidad escucha su propia voz que, tras varios días de voluntario silencio  en la soledad de la cordillera, casi ni reconoce como propia.

El caminante hace ya un rato que viene reflexionando acerca de lo voluble que resulta la percepción del tiempo. En ocasiones le parece que transcurre raudo y lento a la vez, como si en lugar de regido por una escala constituida a medida de las actividades humanas se ciñera a la mecánica cuántica relativista, que para él representa el paradigma de los misterios de la ciencia.


Desde el inicio de su periplo comenzaron a asaltarle pensamientos extraños de la más variada índole, algunos fugaces y otros recurrentes, de los que no ha podido desprenderse. 

Al paso de las jornadas ha dado forma a una íntima cosmovisión en cuyo bruñido se entretiene. El caminante no se considera hombre de ideas brillantes, más bien se siente artesano que trabaja con materiales sencillos, y los modela a golpe de constancia. En todo caso, no percibe en ello detrimento alguno para la calidad de sus conclusiones, pues está firmemente convencido de que media docena de principios pueden muy bien sustentar una vida. El caminante no es un simple, no confundamos los términos...

El caminante se pertrechó de mapas, y brújula para calcular sus rumbos, pero seducido por la eficacia de la tecnología, finalmente, se dejó guiar por los modernos dispositivos electrónicos, depositando en ellos su destino. A la postre, ha comprobado que fue una decisión juiciosa.

Ahora afronta un fuerte repecho, y necesita de todo el oxigeno que su sangre pueda transportar para abastecer a sus piernas, por lo que los pensamientos ceden paso a las puras sensaciones.

Culmina la subida y decide que es el momento de un descanso.

Desconoce qué día es, se siente afortunado por ello. En sus propios recuerdos ve a un extraño al que apenas reconoce. Ignora lo que le espera un instante más tarde y no siente inquietud. 

Realiza balance, pondera las diferentes alternativas...

Ahora, tumbado sobre la fresca y jugosa pradera, tiene la certeza de que no volverá sobre sus pasos...








domingo, 3 de agosto de 2014

El presente y las palabras





Con relativa frecuencia las personas tienden  a intelectualizar  las experiencias gratas en las que se ven inmersas. En principio, no hay en ello mayor problema. Pero puede ocurrir, en   ocasiones, que el instante, que paradójicamente se torna tanto más escurridizo cuanto más agradable, se esfume si no concentramos toda nuestra atención en  su disfrute de un modo más sensitivo e intuitivo. Quizá sería interesante zambullirse y empaparse de sensaciones. Más tarde habrá oportunidad para la recreación o la explicación... 

Al hilo de esta pequeña reflexión, a continuación reproduzco un breve poema de Wislawa Szymborska que juega con este concepto: la fugacidad, lo etéreo que resulta lo que denominamos presente, cuando lo traducimos a palabras.





Las tres palabras más extrañas

Cuando pronuncio la palabra Futuro,
lo destruyo.
La primera sílaba pertenece ya al pasado.
Cuando pronuncio la palabra Silencio,
lo destruyo.
Cuando pronuncio la palabra Nada,
creo algo que no cabe en ninguna no-existencia.



viernes, 1 de agosto de 2014

Celebración




El cielo se extendía opaco y denso. El sonido de los truenos, cada vez más próximo e intenso, precipitó su decisión de prescindir del mp3, la habitual compañía del jazz. Comenzaba agosto, y a modo de íntima y simbólica conmemoración, se había dispuesto para captar todos los posibles matices que la tarde le ofreciera, en una suerte de ejercicio de focalización de la conciencia. Había asumido el posible remojón con un placer anticipado, en modo alguno un inconveniente.

Rodaba por la pista que discurría paralela al río,  a contracorriente, como era su costumbre en la vida. Con deleite escuchaba el resonar del terreno bajo sus pies, los acordes de sus distintas texturas: el entrechocar de los cantos mojados desplazados por las zapatillas,  la grava ruidosa que ralentizaba su trote, el barro pegajoso y resbaladizo, las duras zonas pavimentadas...

Desde el fondo del valle los tañidos de las campanas retrotraían su imaginación durante unos instantes a otras épocas, tal era su potencial evocador, alimentadas sus fantasías por la literatura, y el cine.

Aspiraba el aire con intensidad, desmenuzando con delectación sus distintos aromas: el limo y la humedad mohosa del cauce próximo, las diferentes plantas cuyas fragancias se habían intensificado tras la lluvia matinal, los vapores insalubres de extrañas y efervescentes fermentaciones, en las zonas pantanosas del sendero...

Atravesó un estrecho pasillo de vegetación cuyas hojas le rozaron las mejillas, esquivando los insectos ocultos en la espesura, sobrevoló hileras de hormigas, caracoles de lento avance, babosas... Grandes charcos que le parecían lagos, manchas de hierba como selvas impenetrables...

Se empapó del aire fresco y borrascoso.

Ausente lo cotidiano, lo prosaico, inexistente el pasado, desconocido el concepto "futuro"...

Inmersa en una secreta celebración vital,  se notó ligera, y soñó otro tiempo, otra vida...